{"id":903,"date":"2000-02-21T13:22:14","date_gmt":"2000-02-21T19:22:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.discurso.info\/?p=903"},"modified":"2016-12-27T13:32:07","modified_gmt":"2016-12-27T19:32:07","slug":"observar-y-entender-la-cultura-pol%c3%adtica-algunos-problemas-fundamentales-y-una-propuesta-de-soluci%c3%b3n","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.discurso.info\/es\/2000\/02\/21\/observar-y-entender-la-cultura-pol%c3%adtica-algunos-problemas-fundamentales-y-una-propuesta-de-soluci%c3%b3n\/","title":{"rendered":"Observar y entender la cultura pol\u00edtica: algunos problemas fundamentales y una propuesta de soluci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<div>\n<p>Casta\u00f1os, Fernando. \u201cObservar y entender la cultura pol\u00edtica: algunos problemas\u00a0fundamentales y una propuesta de soluci\u00f3n\u201d. <em>Revista Mexicana de Sociolog\u00eda<\/em>. M\u00e9xico.\u00a0Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM. 75-91.<\/p>\n<p><strong>\u00a0(<a href=\"http:\/\/www.discurso.info\/wp-content\/uploads\/Casta%C3%B1os-Observar.pdf\">PDF<\/a>) (<a href=\"http:\/\/www.discurso.info\/wp-content\/uploads\/2011\/05\/Observar-y-entender-la-cultura-pol%C3%ADtica.doc\">DOC<\/a>)<\/strong><\/p>\n<p><strong>Observar y entender la cultura pol\u00edtica: algunos problemas fundamentales y una propuesta de soluci\u00f3n[1]<\/strong><\/p>\n<p>FERNANDO CASTA\u00d1OS<\/p>\n<p>Resumen: Se revisan ciertas nociones fundamentales, para el estudio de la opini\u00f3n p\u00fablica, entre ellas las de opini\u00f3n y cultura pol\u00edtica. Esta revisi\u00f3n conduce a reconsiderar la definici\u00f3n de \u201csigno\u201d. Se propone que la representaci\u00f3n epist\u00e9mica asociada con el significante es compleja e incluye tres niveles: un n\u00facleo sem\u00e1ntico, esquemas y datos. Se plantea, tambi\u00e9n que, adem\u00e1s de esta representaci\u00f3n, el significante porta condiciones de\u00f3nticas y valoraciones.<\/p>\n<p>Abstract: Review of certain fundamental notions for public opinion studies, such as opinion and political culture. This review leads to a reconsideration of the definition of \u201csign\u201d. The author suggests that the epistemic representation associated with the signifier is complex and involves three levels: a semantic nucleus, schema and data. He also points that, in addition to this representation, the signifier includes deontic conditions valuations.<\/p>\n<p>INTRODUCCI\u00d3N<\/p>\n<p>EL USO COMBINADO DE TODOLOG\u00cdAS diversas en la investigaci\u00f3n sobre la opini\u00f3n p\u00fablica, que se incrementa r\u00e1pidamente, muestra que para los analistas la opini\u00f3n depende tanto de las condiciones de enunciaci\u00f3n como de los puntos de vista del enunciante. No existe, sin embargo, un marco te\u00f3rico que permita integrar coherentemente los resultados. Ello se torna evidente cuando se advierte que las t\u00e9cnicas para suscitar la opini\u00f3n se emplean de manera diferente de la que corresponder\u00eda a los prop\u00f3sitos y a las supuestas ventajas de cada metodolog\u00eda.<\/p>\n<p>El objetivo de este trabajo es mostrar que se requiere revisar las nociones empleadas en el estudio de la cultura. En particular, plantea que el concepto de \u201csigno\u201d debe ser redefinido para incluir un conjunto de elementos mayor a los que re\u00fane la definici\u00f3n de Saussure. No s\u00f3lo es necesario a\u00f1adir esquemas y datos a los significados nucleares que ha estudiado la sem\u00e1ntica para poder dar cuenta de la manera como los hablantes representan epist\u00e9micamente la pol\u00edtica, sino que \u00a0tambi\u00e9n tiene que reconocerse que el significante est\u00e1 asociado con condiciones de\u00f3nticas y valoraciones que ata\u00f1en tanto a lo representado como a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Pienso que identificar las tres dimensiones de la significaci\u00f3n (epist\u00e9mica, de\u00f3ntica y valorativa) y reconocer en cada una de ellas m\u00e1s de un nivel nos permitir\u00e1 formular adecuadamente la idea de que una opini\u00f3n es el producto conjunto de la cultura pol\u00edtica y la cultura comunicativa. Esto deber\u00eda, en consecuencia, proporcionar bases para explicar las contradicciones aparentes entre opiniones proporcionadas en diferentes situaciones de comunicaci\u00f3n, como productos de distintas combinaciones o como enunciados que dirigen la atenci\u00f3n a distintos niveles del mismo signo. Tambi\u00e9n deber\u00eda conducir al desarrollo de criterios para el mejor empleo de los m\u00e9todos y las t\u00e9cnicas existentes. Tal vez sugerir\u00eda incluso formas nuevas de recabar la opini\u00f3n.<\/p>\n<p>Los problemas anal\u00edticos y metodol\u00f3gicos que se discuten aqu\u00ed se ejemplifican con datos procedentes de dos programas de investigaci\u00f3n que han incluido sendas encuestas nacionales en M\u00e9xico, uno de los cuales comprende tambi\u00e9n un proyecto de realizaci\u00f3n de entrevistas profundas actualmente en curso. La propuesta de redefinir el signo parte de un planteamiento hecho por Luis Fernando Lara con base en reflexiones lexicol\u00f3gicas y consideraciones sobre la adquisici\u00f3n de una lengua. Dicha propuesta se sustenta en parte en una discusi\u00f3n de las aportaciones m\u00e1s pertinentes en el campo de la sem\u00e1ntica en la segunda parte del siglo XX, que de hecho rebasan la definici\u00f3n de Saussure. Se apoya tambi\u00e9n en la idea de que las dimensiones fundamentales de los sistemas semi\u00f3ticos deben corresponder a los tres tipos de actos de habla que he distinguido en otros trabajos, puesto que las condiciones y los efectos de los actos son semi\u00f3ticos. Asimismo, recoge las visiones sobre la representaci\u00f3n que se encuentran en los estudios actuales sobre la producci\u00f3n y la comprensi\u00f3n del discurso.<\/p>\n<p>Por su \u00edndole exploratoria, decid\u00ed dar al trabajo un car\u00e1cter h\u00edbrido entre el art\u00edculo y el ensayo. Consider\u00e9 pertinente emplear tambi\u00e9n, en algunos fragmentos, ciertos recursos del relato. No era suficiente la argumentaci\u00f3n, ni lo hubiera sido la presentaci\u00f3n detallada de resultados; me pareci\u00f3 necesario hacer expl\u00edcitos los intentos de circunscribir, ampliar o modificar las nociones con las que trabajo, as\u00ed como mostrar el origen de estos intentos en la experiencia personal. Por estas razones, quiz\u00e1 su lectura requiera un esfuerzo un poco mayor al que normalmente se invierte en un texto con estructura y caracter\u00edsticas m\u00e1s predecibles, un texto como el que com\u00fanmente anuncia una introducci\u00f3n como la presente. Solicito atentamente la anuencia del lector para esta licencia.<\/p>\n<p>Uno<\/p>\n<p>Cuando intento registrar algunas opiniones, o cuando estoy tratando de describir qu\u00e9 actitudes podr\u00edan estar siendo expresadas por esas opiniones, surgen frente a m\u00ed muchos problemas ontol\u00f3gicos, epistemol\u00f3gicos y cient\u00edficos. En el trabajo de campo y en el escritorio, dudo acerca de aquello que busco entender: no s\u00e9 si se trata de entidades o de propiedades. Me preocupa si las notas en mi cuaderno dirigir\u00e1n mi atenci\u00f3n hacia algo distinto de lo que deber\u00eda observar. No s\u00e9 si una lectura constante es una regularidad significativa o un sesgo persistente. Quiz\u00e1 mi preocupaci\u00f3n principal sea c\u00f3mo definir la cultura pol\u00edtica. La misma palabra \u201ccultura\u201d, en algunas ocasiones, me parece demasiado restringida y, en otras, demasiado extensiva y vaga. Y el adjetivo \u201cpol\u00edtica\u201d \u2014que, por su funci\u00f3n calificativa, deber\u00eda acotar el sentido de la expresi\u00f3n\u2014 de repente parece concedernos licencia para abordar cualquier asunto y, as\u00ed, eximirnos de la obligaci\u00f3n de guardar rigor.<\/p>\n<p>Por momentos me digo que tales preocupaciones son f\u00fatiles; pero luego, debido a que cada vez hay m\u00e1s investigadores que combinan diversas metodolog\u00edas cuantitativas y cualitativas al estudiar la cultura pol\u00edtica, pienso que las (ludas deben confrontarse. Si requerimos distintos tipos de datos, seguramente ha de ser porque reflejan diferentes aspectos del fen\u00f3meno que nos interesa. Pero, si \u00e9se es el caso, \u00bfc\u00f3mo podemos, en su diversidad, integrar los datos para obtener una imagen unitaria del fen\u00f3meno? Tal vez estemos empatando inconmensurables.<\/p>\n<p>Mis inquietudes aumentan cuando comparo las razones que, se supone, justifican una metodolog\u00eda dada con las prescripciones que rigen su empleo. No puedo sino experimentar perplejidad cuando, despu\u00e9s de leer que los grupos de enfoque [2] complementan o sustituyen a las encuestas porque dependen de la interacci\u00f3n, advierto que la funci\u00f3n del coordinador en un grupo de enfoque es justamente la de evitar la interacci\u00f3n. Mi reacci\u00f3n es similar al ponderar las ventajas y las desventajas de la caracter\u00edstica esencial de un cuestionario: constar de preguntas discretas (o separadas). Los reactivos discretos permiten lograr confiabilidad pero tambi\u00e9n eliminan los elementos contextuales que se requerir\u00edan para con firmar la validez de lo que se pregunta. Y, me pregunto, \u00bfacaso es posible la confiabilidad sin validez?<\/p>\n<p>Titubeo ante casi todas las oposiciones metodol\u00f3gicas, como la que tenemos entre experimento y estudio de caso, o entre entrevista estructurada y entrevista abierta. Siempre mis dudas se remiten a presuposiciones sobre el significado que tienen la interrogaci\u00f3n del investigador y las respuestas del sujeto. El dise\u00f1o experimental presupone, de manera expl\u00edcita o impl\u00edcita, que el significado de un enunciado ser\u00e1 el mismo para distintos grupos de destinatarios, o para grupos compara bies en condiciones contrastantes. Busca, entonces, mostrar divergencias en las respuestas de los sujetos que puedan atribuirse a las distinciones o contrastes predeterminados. Sin embargo, el significado generalmente depende del destinatario y de las condiciones de enunciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El estudio de caso no resuelve el problema, pues, aunque es muy sensible a los significados del interlocutor, dif\u00edcilmente puede dar cuenta de los efectos contextuales. Pero sobre todo, al ser, por definici\u00f3n, ajeno a los significados del investigador, no resulta posible identificarlo con seguridad como instancia de categor\u00edas pertinentes. Es decir, no ofrece forma alguna de garantizar lo que algunos han denominado \u201cgeneralizabilidad te\u00f3rica\u201d o \u201crepresentatividad te\u00f3rica\u201d (v\u00e9ase, por ejemplo, Silverman, 1993: 160). Ello, me parece, es m\u00e1s serio que la imposibilidad de generalizaci\u00f3n estad\u00edstica, que ha sido se\u00f1alada muchas veces; los efectos de \u00e9sta ser\u00edan remontables por triangulaci\u00f3n con m\u00e9todos cuantitativos o por medio de lo que algunos autores llaman \u201cinducci\u00f3n anal\u00edtica\u201d,[3] si la representatividad te\u00f3rica fuera posible.<\/p>\n<p>Ahora, en cuanto a las entrevistas, tendemos a pensar que cuanto m\u00e1s estructuradas sean \u00e9stas, m\u00e1s rigurosas ser\u00e1n las comparaciones entre las actitudes que podamos inferir de ellas, porque la estructuraci\u00f3n deber\u00eda aislar las opiniones que reflejar\u00edan las actitudes. Pero no hay una correspondencia un\u00edvoca entre las opiniones que escuchamos y las actitudes que asignamos, porque una opini\u00f3n es el producto combinado de varias actitudes.<\/p>\n<p>Aquellos elementos que eliminamos de una entrevista cuando la estructuramos, bien podr\u00edan ser los \u00edndices que nos refieren a las distintas actitudes de una combinaci\u00f3n, es decir, bien podr\u00edan ser las se\u00f1ales que acotan las opiniones. Hay, entonces, un peligro de que diferentes sujetos suplan las actitudes faltantes de diferente manera, que cada uno recurra a distintas combinaciones. Dicho de otro modo, la estructuraci\u00f3n pudiera hacer que las respuestas fueran incomparables y, adem\u00e1s, que parecieran comparables.<\/p>\n<p>Por otro lado, las entrevistas abiertas supuestamente reducen el efecto de las preconcepciones del observador acerca del contenido y, por lo tanto, permiten respuestas m\u00e1s aut\u00e9nticas. Pero en una entrevista abierta el sujeto debe responder, no s\u00f3lo al contenido de una pregunta, sino tambi\u00e9n a su valor interactivo. Debe tomar o ceder la palabra, alinearse con o contra el entrevistador, juzgar lo que es pertinente y lo que no viene al caso comunicar en el momento particular de la enunciaci\u00f3n. Podemos, entonces, encontrarnos observando actitudes relativas a una situaci\u00f3n de comunicaci\u00f3n espec\u00edfica, m\u00e1s que actitudes sobre lo que creemos es un contenido aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p>Dos<\/p>\n<p>Mis inquietudes son probablemente producto de nuestro tiempo. Hay ahora un amplio consenso respecto de que entender los fen\u00f3menos culturales implica entender sistemas de significaci\u00f3n.[4] Para algunos autores renombrados, las culturas son sistemas de significaci\u00f3n, y es com\u00fan o\u00edr que se ha adoptado un \u201cenfoque semi\u00f3tico\u201d en el estudio de alg\u00fan fen\u00f3meno cultural. Naturalmente, en este contexto podr\u00eda uno establecer una ecuaci\u00f3n entre entender una cultura pol\u00edtica y revelar significados pol\u00edticos o descubrir procesos de producci\u00f3n de significados pol\u00edticos.<\/p>\n<p>No obstante, ni las teor\u00edas de la cultura en general, ni las teor\u00edas de la cultura pol\u00edtica en particular, nos ofrecen concepciones adecuadas del significado que nos puedan guiar en el uso de procedimientos para captar significados. Aunque los investigadores de la cultura nos han proporcionado algunas de las nociones m\u00e1s importantes que poseemos acerca del significado \u2014como, por ejemplo, la noci\u00f3n de marco de Gregory Bateson\u2014,[5]las bases te\u00f3ricas que ellos han producido son insuficientes para mostrar qu\u00e9 rasgos del significado pueden ser registrados mejor y con qu\u00e9 metodolog\u00edas.<\/p>\n<p>Mis preocupaciones aumentan cuando veo ciertos resultados de estudios de cultura pol\u00edtica, hayan sido realizados por m\u00ed o por otros. Estos resultados desaf\u00edan las concepciones sobre el significado desde las cuales accedemos al an\u00e1lisis de los datos. As\u00ed, por ejemplo, en un estudio reciente en el que particip\u00e9,[6] se encontr\u00f3 que los mexicanos piensan que una persona puede contribuir mejor a resolver los problemas pol\u00edticos de M\u00e9xico si act\u00faa dentro de un partido pol\u00edtico que si lo hace fuera de \u00e9l. Al mismo tiempo, declaran que conf\u00edan muy poco en los partidos pol\u00edticos.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 se entiende por \u201cpartido pol\u00edtico\u201d y por \u201cpartidos pol\u00edticos\u201d en estos casos? \u00bfSe refieren las dos expresiones a las mismas entidades en las dos ocasiones?<\/p>\n<p>En un trabajo anterior (Casta\u00f1os, 1996c: 44), observ\u00e9 que una mayor\u00eda considera peor ser rechazado por la familia que ser muy pobre o sufrir la injusticia y el abuso de la autoridad. Sin embargo, son m\u00e1s las personas que preferir\u00edan vivir donde haya seguridad y justicia que en lugares con oportunidades de trabajo y negocios o en los que vivan familiares y amigos, en ese orden. Es decir, la falta de afecto es m\u00e1s grave que la falta de justicia o la falta de prosperidad, pero el afecto es menos deseable que la justicia y la prosperidad. \u00bfNo es esto contradictorio?<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 las observaciones m\u00e1s desconcertantes sean las que parecen reflejar directamente el car\u00e1cter de la cultura pol\u00edtica mexicana. Desde la constituci\u00f3n de Morelos, las definiciones de nuestras instituciones han correspondido a las de un pa\u00eds democr\u00e1tico. Sin embargo, en la pr\u00e1ctica, los gobiernos han tendido a ser m\u00e1s bien autocr\u00e1ticos.<\/p>\n<p>Algunos analistas han intentado disolver la paradoja postulando que nuestra cultura pol\u00edtica es esencialmente autoritaria; y las instituciones, una mera fachada. Sin embargo, esta explicaci\u00f3n es dif\u00edcil de aceptar por tres razones. En primer lugar, los motivos que han impulsado los grandes cambios hist\u00f3ricos en el pa\u00eds han sido siempre las causas de la democracia. En segundo lugar, la legitimidad se reclama o se cuestiona por medio de argumentos que tienen dichas causas como premisas y que aducen tales cambios como or\u00edgenes. En tercer lugar, la democracia es altamente valorada a lo largo del proceso de socializaci\u00f3n de los mexicanos, principalmente en la escuela.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de tales razones, hay desde hace algunos a\u00f1os evidencia emp\u00edrica que muestra que los mexicanos valoran tanto los procedimientos de un r\u00e9gimen democr\u00e1tico como los rasgos caracter\u00edsticos de las sociedades democr\u00e1ticas. As\u00ed, por una parte, una gran mayor\u00eda estar\u00eda en desacuerdo con que los presidentes municipales fueran designados y no electos, aunque ello garantizara su buen desempe\u00f1o en el gobierno (Meyenberg, 1996: 38). Por otra parte, entre la poblaci\u00f3n se expresan claramente la igualdad (Meyenberg, 1996: 36), el pluralismo (Casta\u00f1os <em>et al<\/em>, 1996d: 150) y la tolerancia (Flores, 1996: 118).<\/p>\n<p>Me parece m\u00e1s l\u00f3gico, entonces, plantear que el esp\u00edritu de nuestras instituciones es democr\u00e1tico porque nuestra cultura pol\u00edtica abriga la democracia.[7] No obstante, debe reconocerse que el mando autoritario se desarrolla dentro de esa misma cultura. \u00bfC\u00f3mo es ello posible? \u00bfQu\u00e9 c\u00f3digos encierra la cultura y c\u00f3mo se atribuyen a las instituciones, los actores y los aconteceres, para que puedan coexistir aunque sus orientaciones sean divergentes? \u00bfTiene la noci\u00f3n misma de \u201ccultura pol\u00edtica\u201d alguna utilidad aqu\u00ed?<\/p>\n<p>Nuevamente, en el campo no parece haber marcos de referencia adecuados para abordar los problemas. Pero en campos afines, como la psicolog\u00eda social, tampoco encontramos los elementos te\u00f3ricos que requerimos ahora, aunque ya nos hemos beneficiado considerablemente de sus reflexiones, y aunque en la actualidad se llevan a cabo trabajos promisorios ah\u00ed. En dichos \u00e1mbitos, el trabajo tiende a estar basado en una concepci\u00f3n que coloca los valores, las actitudes y las opiniones en una estructura piramidal. Un valor comprende (y determina) un n\u00famero de actitudes, y una actitud comprende un n\u00famero de opiniones. Algunas variaciones de este modelo distinguen dos niveles de valores, uno m\u00e1s fundamental que el otro. Pueden tambi\u00e9n incluir las creencias, a veces por encima y a veces por debajo de los valores.<\/p>\n<p>Claramente, la concepci\u00f3n piramidal es contraria a dos propiedades de la significaci\u00f3n que ya mencion\u00e9: la determinaci\u00f3n multifactorial de la opini\u00f3n y lo que tal vez pueda describirse por ahora como \u201casignaci\u00f3n aparentemente incongruente de valoraciones\u201d.<\/p>\n<p>Tres<\/p>\n<p>Por los problemas que uno encuentra al recabar y explicar datos, estoy convencido de que el estudio de la cultura pol\u00edtica requiere m\u00e1s de lo que Geertz propuso cuando identific\u00f3 asuntos cr\u00edticos en el estudio del significado. Transferir el poder anal\u00edtico de la semi\u00f3tica del estudio de los signos abstractos al estudio de los signos en su \u00e1mbito natural (Geertz, 1983: 145) no ser\u00eda suficiente; se necesita reconceptualizar el signo en general, y el signo ling\u00fc\u00edstico en particular, para trascender las nociones que han prevalecido desde Saussure.[8]<\/p>\n<p>El signo debe concebirse no s\u00f3lo como la asociaci\u00f3n de un significante y una representaci\u00f3n epist\u00e9mica, sino tambi\u00e9n como el portador de condiciones de\u00f3nticas y valorizaciones, tanto relativas a lo representado como al significante. Adem\u00e1s, en la representaci\u00f3n[9] deben reconocerse tres niveles: lo que generalmente se considera \u201csignificado sem\u00e1ntico\u201d, lo que hoy se denomina \u201cmarcos\u201d o \u201cesquemas\u201d de aconteceres y lo que entendemos por \u201cdatos\u201d.<\/p>\n<p>Para hablar del n\u00facleo sem\u00e1ntico, podemos pensar inicialmente en una clase de signos que ocupa un lugar prominente en nuestra ontolog\u00eda: los sustantivos. En el caso de \u00e9stos, el n\u00facleo consiste b\u00e1sicamente de cuatro componentes (v\u00e9ase, por ejemplo, Lyons, 1997: 174-229). En primer lugar, se tiene una definici\u00f3n como las del diccionario, un conjunto de rasgos que configura a lo significado como un prototipo. Esto es lo que los sem\u00e1nticos llaman <em>denotatum.<\/em> En segundo lugar, tenemos un conjunto, o una lista, de las entidades que pueden ser designadas con el signo: los <em>denotata<\/em>, es decir, tenemos lo que muchas veces se ha denominado \u201cextensi\u00f3n\u201d, o \u201cdefinici\u00f3n extensional\u201d.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los rasgos protot\u00edpicos y la extensi\u00f3n, el significado sem\u00e1ntico de un sustantivo incluye una serie de relaciones de implicaci\u00f3n con otros sustantivos, un conjunto de relaciones que se denominan \u201cparadigm\u00e1ticas\u201d y que incluyen la sinonimia, la antonimia, la hiperonimia y la relaci\u00f3n de todo y parte, entre otras. Finalmente, el n\u00facleo sem\u00e1ntico comprende tambi\u00e9n un conjunto de relaciones \u201csintagm\u00e1ticas\u201d entre el sustantivo y otros sustantivos o palabras de otras clases, como verbos y adjetivos. Estas son las relaciones que permiten (o impiden) la combinaci\u00f3n de signos en un enunciado, las que establecen que puede haber un caballo alaz\u00e1n, pero no uno rubio, y una persona rubia, pero no una alazana. Son relaciones como la que hay entre la palabra \u201cancla\u201d y la palabra \u201clevar\u201d. Los entra\u00f1amientos l\u00f3gicos de las relaciones paradigm\u00e1ticas y las posibilidades de combinaci\u00f3n de las relaciones sintagm\u00e1ticas conforman conjuntamente lo que algunas escuelas denominan \u201csentido\u201d.<\/p>\n<p>En suma, el significado sem\u00e1ntico de un sustantivo consta del <em>denotatum<\/em>, los<em> denotata<\/em>, el sentido paradigm\u00e1tico y el sentido sintagm\u00e1tico. En el tratamiento de otras clases de palabras, tendr\u00edamos que ampliar o reducir las acepciones de estos cuatro componentes y, posteriormente, en el estudio de los signos no verbales, habr\u00eda tal vez que a\u00f1adir o eliminar alguno, lo cual quiz\u00e1 nos obligar\u00eda a sustituir el adjetivo \u201csem\u00e1ntico\u201d en la expresi\u00f3n que designa el primer n\u00facleo del significado. Pero tal desarrollo ser\u00eda objeto de otro tipo de trabajo. Espero que, para los prop\u00f3sitos de \u00e9ste, la breve exposici\u00f3n anterior sea suficiente para indicar c\u00f3mo es el primer nivel de la representaci\u00f3n epist\u00e9mica. Es el del conocimiento el que nos permite identificar lo nombrado y concebir los mundos posibles.<\/p>\n<p>El segundo nivel, el de los marcos y esquemas, consiste de proposiciones acerca de lo que com\u00fanmente, aunque no necesariamente, ocurre. Incluye tambi\u00e9n relaciones espaciales y temporales entre los aconteceres esquematizados. Aqu\u00ed se ubica el conocimiento que nos permite anticipar, al ver un pastel con velitas, que los invitados cantar\u00e1n \u201cLas ma\u00f1anitas\u201d, o el que nos lleva a esperar la leyenda \u201cEstados Unidos Mexicanos\u201d al subir la vista por encima del \u00e1guila estilizada del escudo nacional.<\/p>\n<p>Los datos constan de proposiciones particulares, como la de que la zona metropolitana de la ciudad de M\u00e9xico tiene cerca de 20 millones de habitantes, o la de que William Clinton fue electo en 1996 para un segundo periodo como presidente de los Estados Unidos dle Am\u00e9rica. Los datos pueden estar o no estar asociados entre s\u00ed y coincidir o contradecir lo que uno puede inferir a partir de los significados sem\u00e1nticos o esperar a partir de los esquemas, si bien buscar coherencia entre los tres niveles parece ser una caracter\u00edstica de la cognici\u00f3n humana.<\/p>\n<p>La idea de que un signo no s\u00f3lo despierta una definici\u00f3n o evoca una extensi\u00f3n, sino que tambi\u00e9n pone en juego un sentido, es un desarrollo del planteamiento central que dio la fuerza inicial al proyecto saussuriano de crear una nueva ciencia del lenguaje (la ling\u00fc\u00edstica) y una ciencia general del signo (la semi\u00f3tica). Para Saussure, un signo existe s\u00f3lo en la medida en que se relaciona con otros signos y, por lo tanto, los sistemas de signos son aut\u00f3nomos y han de ser estudiados por disciplinas independientes.<\/p>\n<p>Sin embargo, es importante hacer notar que las formulaciones de la \u00edndole sist\u00e9mica de la lengua que podemos hacer a finales del siglo XX se apartan un poco del esp\u00edritu saussuriano. Advertir la necesidad de una distinci\u00f3n fina entre <em>denotatum<\/em> y <em>denotata<\/em>, por tina parte, y reconocer la productividad inferencial de las relaciones paradigm\u00e1ticas, por la otra, supone haber aceptado ya los v\u00ednculos y los efectos mutuos entre el diccionario y la enciclopedia, que Saussure negaba.<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n del significado en la sem\u00e1ntica contempor\u00e1nea ser\u00eda, entonces, suficiente para obligamos a revisar la noci\u00f3n de signo como la asociaci\u00f3n entre un significante y un concepto. Pero, adem\u00e1s, la idea, producto de investigaciones en diferentes campos,[10] de que el signo es un \u00edndice que nos remite a marcos y esquemas, deber\u00eda impulsarnos a una segunda revisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora, siguiendo una propuesta original de Luis Fernando Lara,[11] quisiera plantear que el signo tambi\u00e9n significa relaciones entre los hablantes, y no s\u00f3lo representaciones de lo nombrado, ya sea que \u00e9stas se conciban como un solo nivel sem\u00e1ntico (simple o complejo) o como los tres niveles que he esbozado (sem\u00e1ntico, esquem\u00e1tico y f\u00e1ctico). Despu\u00e9s de considerar las reflexiones de B\u00fchler (1934) y Habermas (1981) sobre el hecho de hablar y comentar el desarrollo de ciertas lenguas criollas, en las que un sustantivo de la lengua original se ha tomado como un morfema gramatical, Lara se\u00f1ala que el problema previo a la introducci\u00f3n de un nombre es c\u00f3mo saber que se trata de la introducci\u00f3n de un nombre, y no de otro tipo de acto de habla. Posteriormente, propone que, al aprender una palabra, el ni\u00f1o est\u00e1 descubriendo c\u00f3mo usarla para referir, adem\u00e1s de estar form\u00e1ndose el concepto con el cual la asocia el adulto. M\u00e1s a\u00fan, no s\u00f3lo est\u00e1 aprendiendo a referir con la palabra, sino a interactuar con ella. El ni\u00f1o descubre que decir \u201cmi leche\u201d ante ciertas personas y de ciertas maneras equivale a pedir un biber\u00f3n.<\/p>\n<p>Incluso, dir\u00eda Lara, si uno revisa ciertos estudios sobre la adquisici\u00f3n de la lengua, puede observar que la capacidad de emplear el signo en la interacci\u00f3n y la capacidad de usarlo para referir, preceden en muchas ocasiones a la conceptualizaci\u00f3n. Pero poder ser empleado para referir y para interactuar es propiedad del <em>signo<\/em>. Entonces, debemos ampliar nuestra noci\u00f3n de signo. Ser\u00eda, ahora, un significante asociado con un concepto y con un potencial pragm\u00e1tico.<\/p>\n<p>Quisiera llegar a la misma propuesta por otro camino. Ello, pienso, me permitir\u00eda no s\u00f3lo apoyarla sino, tal vez, desarrollarla un poco. Quisiera reunir ciertas ideas de Austin con otras que, en las \u00faltimas d\u00e9cadas, han ido surgiendo en diversos \u00e1mbitos \u2014sobre todo en la socioling\u00fc\u00edstica y la ling\u00fc\u00edstica aplicada\u2014, entre las que se encuentran algunas producto de mis propias investigaciones. Quien aprende una nueva lengua, aprende no s\u00f3lo a componer oraciones de acuerdo con sus reglas gramaticales, sino tambi\u00e9n a actuar con esas oraciones: a solicitar, ofrecer, aceptar, rechazar, ordenar, invitar, etc\u00e9tera, Y aprende cu\u00e1ndo, en qu\u00e9 tono, con qu\u00e9 grado de formalidad hacerlo en cu\u00e1les circunstancias. Es decir, aprende reglas de gram\u00e1tica y reglas de uso.[12]<\/p>\n<p>Habr\u00eda que hacer notar que las reglas para usar y actuar con las palabras est\u00e1n acompa\u00f1adas de reglas para usar y actuar con las cosas. La entrega al ni\u00f1o del biber\u00f3n que ha solicitado no es una acci\u00f3n meramente f\u00edsica. Es tambi\u00e9n un acto que cuenta como respuesta a la solicitud y faculta al ni\u00f1o para tomar el biber\u00f3n y beber su contenido.<\/p>\n<p>Entonces, la palabra \u201cleche\u201d lleva consigo se\u00f1ales sobre lo que se permite hacer con ella y lo que ella, en combinaci\u00f3n con otras palabras, puede hacer: crear condiciones en las que dar y recibir un biber\u00f3n adquieren el sentido de responder, facultar y ejercer la facultad. En t\u00e9rminos m\u00e1s generales, hay condiciones que obligan, permiten o proh\u00edben las acciones en las que intervienen las entidades designadas. Ambas condiciones, las que rigen el uso del signo y las que ata\u00f1en a lo designado, son parte de lo que el signo significa. As\u00ed, \u201cRafael Sebasti\u00e1n Guill\u00e9n\u201d y \u201csubcomandante Marcos\u201d son signos distintos, como lo percibieron todos los lectores de peri\u00f3dicos en la ciudad de M\u00e9xico un lunes de 1996, cuando el gobierno empez\u00f3 a emplear la primera expresi\u00f3n. Aunque ambas representan a La misma persona, remiten a condiciones diferentes. Con \u201cRafael Sebasti\u00e1n Guill\u00e9n\u201d, el emisor aduce condiciones de car\u00e1cter general para todos los ciudadanos, al omitir la segunda, pone en duda la validez de ciertas condiciones de excepci\u00f3n que la sociedad hab\u00eda otorgado a los guerrilleros del Ej\u00e9rcito Zapatista (le Liberaci\u00f3n Nacional (EZLN).<\/p>\n<p>Por simplicidad, podr\u00edamos referirnos a las condiciones de obligado, permitido, \u00a0prohibido como \u201cnormas\u201d. Pero tal vez sea preferible designarlas como condiciones \u201cde\u00f3nticas\u201d, t\u00e9rmino t\u00e9cnico empleado en la ling\u00fc\u00edstica, la l\u00f3gica y la filosof\u00eda del derecho, pues la idea de norma generalmente implica la de constancia; es decir, se trata de una idea m\u00e1s restringida que la de las condiciones de uso aludidas aqu\u00ed, las cuales pueden estar sujetas a modificaci\u00f3n en el discurso.<\/p>\n<p>Ahora bien, el lenguaje no s\u00f3lo representa epist\u00e9micamente y condiciona de\u00f3nicamente, sino que tambi\u00e9n expresa afectivamente.[13] El signo transmite lo que algunos autores llaman \u201cconnotaciones\u201d, y que no son m\u00e1s que valoraciones: cu\u00e1nto importa lo designado y cu\u00e1n positivo es para el hablante, para el oyente o ara la comunidad ling\u00fc\u00edstica a la que pertenecen. Utilizando ejemplos que ya mencion\u00e9, \u201cleche\u201d lleva consigo una valoraci\u00f3n de importancia y signo positivo, y \u2018Rafael Sebasti\u00e1n Guill\u00e9n\u201d evita las connotaciones que ha adquirido \u201csubcomandante Marcos\u201d.<\/p>\n<p>Cuatro<\/p>\n<p>Pienso que la reconceptualizaci\u00f3n del signo, como un significante asociado a unas condiciones de\u00f3nticas y unas valoraciones, a la vez que una representaci\u00f3n sem\u00e1ntica, esquem\u00e1tica y f\u00e1ctica, abre las posibilidades de encontrar soluciones a los problemas anal\u00edticos que plante\u00e9 en las primeras partes de este art\u00edculo.<\/p>\n<p>En primer lugar, podr\u00edamos dar cuenta de una manera sencilla y coherente de la determinaci\u00f3n m\u00faltiple de una opini\u00f3n que, como lo se\u00f1al\u00e9, cuestiona el modelo piramidal prevaleciente. Casi para todo investigador que realiza trabajo emp\u00edrico en el campo, una opini\u00f3n, en t\u00e9rminos operacionales, es un enunciado o una reacci\u00f3n de acuerdo o desacuerdo frente a un enunciado. Pero un enunciado es una combinaci\u00f3n de signos. Por lo tanto, una opini\u00f3n no podr\u00e1 ser sino una combinaci\u00f3n de las valoraciones a que esos signos remiten, o la reacci\u00f3n ante tales valoraciones.<\/p>\n<p>Pienso que el principio de combinaci\u00f3n debe poder aplicarse no s\u00f3lo a los enunciados sino directamente a las situaciones descritas por los enunciados, ya que percibimos las situaciones desde las representaciones, condiciones y valoraciones que est\u00e1n significadas por los signos de los enunciados. Entonces, este principio puede darnos la pauta para empezar a resolver el acertijo del autoritarismo. Un acontecer pudiera ser percibido como un acto autoritario y como muchas otras cosas al mismo tiempo. Quien lo perciba se ver\u00eda, en tal caso, forzado a ponderar las diversas valoraciones del caso, una de las cuales, al menos, ser\u00eda negativa seg\u00fan la hip\u00f3tesis, pero no necesariamente todas. S\u00f3lo despu\u00e9s de tal ponderaci\u00f3n asignar\u00eda una valoraci\u00f3n a la combinaci\u00f3n, como un todo. Regresar\u00e9 a este punto un poco m\u00e1s adelante. Es necesario, antes, desarrollar algo m\u00e1s la base semi\u00f3tica.<\/p>\n<p>Ahora bien, en un enunciado determinado, un signo dirigir\u00e1 la atenci\u00f3n del destinatario hacia el n\u00facleo sem\u00e1ntico de una representaci\u00f3n; pero en otro, por el efecto de su combinaci\u00f3n con otros signos, o por la construcci\u00f3n sint\u00e1ctica en la que aparezca, podr\u00eda dirigirla hacia alg\u00fan dato. Esto es esencialmente lo que causa las valoraciones aparentemente incongruentes en los ejemplos de los partidos pol\u00edticos. En uno de los enunciados, ten\u00edamos la valoraci\u00f3n del prototipo de partido y, en el otro, la valoraci\u00f3n de partidos particulares, los que se encuentran en los datos. Y la valoraci\u00f3n de un prototipo no necesariamente se transfiere a la de una instancia particular, sino que \u00e9sta puede tener su propia valoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Incluso si dos enunciados dirigen la atenci\u00f3n al nivel de los esquemas, aquellos en los que \u00e9sta se enfoque podr\u00edan ser diferentes. Ello es lo que ocurre en el caso del afecto y la seguridad, aunque la comprensi\u00f3n completa del fen\u00f3meno requerir\u00eda que la valoraci\u00f3n fuera concebida como una funci\u00f3n potencialmente discontinua que depende de los grados de satisfacci\u00f3n. Cuando preguntamos qu\u00e9 es peor para una persona, ubicamos un esquema de privaciones severas en el centro del marco de interpretaci\u00f3n del destinatario. En este esquema, el afecto es muy valioso. Pero cuando preguntamos en d\u00f3nde ser\u00eda preferible vivir, traemos a la tarea de interpretaci\u00f3n un esquema diferente; la mera posibilidad de elecci\u00f3n entra\u00f1a un estado de satisfacci\u00f3n relativa de la necesidad de afecto. Aqu\u00ed, tiene sentido no buscar m\u00e1s afecto, sino procurar otro tipo de beneficios por vivir de acuerdo con la sociedad.<\/p>\n<p>Cinco<\/p>\n<p>La noci\u00f3n de <em>signo<\/em> propuesta tambi\u00e9n nos permitir\u00eda abordar las preocupaciones te\u00f3ricas. De hecho, nos brinda una base para construir teor\u00edas semi\u00f3ticas, y no s\u00f3lo desarrollar enfoques semi\u00f3ticos, de la cultura en general y de la cultura pol\u00edtica en particular.<\/p>\n<p>Como punto de partida, habr\u00eda que proponer el concepto de <em>esfera semi\u00f3tica<\/em>, como una extensi\u00f3n del concepto de <em>esfera sem\u00e1ntica<\/em> que emplea la ling\u00fc\u00edstica. La esfera semi\u00f3tica de un signo ser\u00eda el conjunto de signos que est\u00e1 asociado con el primero, ya sea paradigm\u00e1tica, sintagm\u00e1tica o esquem\u00e1ticamente.<\/p>\n<p>Puede ahora proponerse una definici\u00f3n de \u201ccultura pol\u00edtica\u201d como la intersecci\u00f3n de las esferas semi\u00f3ticas de los signos para los individuos, las personas gramaticales, los papeles sociales y los sujetos pol\u00edticos. Esto quiere decir que el comportamiento pol\u00edtico est\u00e1 regido por reglas de naturaleza varia. Algunas son espec\u00edficamente pol\u00edticas: definen el trato entre instituciones estatales y entre el Estado y los ciudadanos. Pero otras determinan las relaciones entre diferentes miembros de la sociedad o establecen las condiciones para la interacci\u00f3n comunicativa en general.<\/p>\n<p>Podemos ahora regresar a la cuesti\u00f3n del car\u00e1cter de la cultura pol\u00edtica y de la pol\u00edtica. La mayor\u00eda de los aconteceres pol\u00edticos est\u00e1n constituidos por actos de habla que cumplen, transgreden, crean o modifican cierto tipo de condiciones de\u00f3nticas: compromisos p\u00fablicos. Esos compromisos, y por lo tanto esos actos, tendr\u00e1n consecuencias que habr\u00e1n de ser juzgadas en t\u00e9rminos del inter\u00e9s p\u00fablico. As\u00ed, un compromiso que tenga resultados valiosos desde el punto de vista del inter\u00e9s p\u00fablico recibir\u00e1, a su vez, una valoraci\u00f3n positiva; e infringir uno de estos compromisos, una negativa.<\/p>\n<p>Sin embargo, los aconteceres pol\u00edticos se perciben no s\u00f3lo en t\u00e9rminos de los compromisos del caso, sino tambi\u00e9n en t\u00e9rminos de qui\u00e9n lleva a cabo los actos de habla, c\u00f3mo y cu\u00e1ndo. Las reglas de interacci\u00f3n relativas a la iniciativa, la modestia, la cortes\u00eda y la deferencia tendr\u00e1n un efecto considerable al decidirse la aceptaci\u00f3n o el rechazo del hecho pol\u00edtico. Y lo tendr\u00e1n tambi\u00e9n las identidades de los actores interpelados. Hacer una promesa a un sindicato no es, por ejemplo, lo mismo que solicitar la colaboraci\u00f3n de una comunidad o acordar un pacto de corresponsabilidad con algunos ciudadanos.<\/p>\n<p>En otras palabras, un acontecer pol\u00edtico podr\u00eda ser calificado como autoritario y, por lo tanto, recibir una valoraci\u00f3n negativa de parte de una persona que est\u00e9 en desacuerdo con el autoritarismo. Sin embargo, esa misma persona podr\u00eda considerar que el acontecer es aceptable, o al menos tolerable, si lo valora positivamente en otros t\u00e9rminos. Hablar con propiedad a los otros y procurar interacciones sociales v\u00e1lidas podr\u00eda tener m\u00e1s peso que llevar a cabo intervenciones pol\u00edticas reprobables, porque las intervenciones pol\u00edticas tambi\u00e9n son interacciones sociales y actividades comunicativas.<\/p>\n<p>El principio de que una intervenci\u00f3n pol\u00edtica interpela simult\u00e1neamente a sujetos pol\u00edticos, personas gramaticales, papeles sociales e individuos es la base para entender las relaciones entre la cultura pol\u00edtica y la pol\u00edtica, pero no es suficiente. Aceptar un estilo de gobierno depende no s\u00f3lo de la evaluaci\u00f3n de los tipos de aconteceres que lo determinan, sino tambi\u00e9n de la valoraci\u00f3n de las alternativas posibles y, por lo tanto, de la valoraci\u00f3n del cambio. En M\u00e9xico las alternativas no se han visto como posibles o no han recibido mejores evaluaciones que el sistema que ha permanecido durante d\u00e9cadas; y si en 1997 o en el a\u00f1o 2000 los electores optan por el cambio, ser\u00e1 porque las alternativas se consideran ya posibles y mejores. Ello muestra la importancia de considerar la cultura como esferas semi\u00f3ticas: un signo est\u00e1 siempre actuando en relaci\u00f3n con los otros de su esfera, aun cuando no est\u00e9n manifiestos.<\/p>\n<p>SEIS<\/p>\n<p>Para cerrar el c\u00edrculo, quisiera indicar que las definiciones de signo y cultura pol\u00edtica, junto con los principios de combinaci\u00f3n y simultaneidad, pueden guiamos en el uso de las metodolog\u00edas emp\u00edricas. Puede ahora verse, por ejemplo, que lo que la mayor\u00eda de las preguntas de un cuestionario de opini\u00f3n tiene por objetivo es destacar las valoraciones que se otorgan a un aspecto particular de una representaci\u00f3n y neutralizar cualesquiera otras. As\u00ed, cuando m\u00e1s de un aspecto est\u00e1 de por medio, los redactores experimentados dicen que la pregunta es confusa; y cuando en la \u201cconfusi\u00f3n\u201d tiene un peso significativo un aspecto distinto del que les interesa, dicen que la pregunta est\u00e1 sesgada.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n parece claro que la raz\u00f3n por la cual se considera que un grupo de enfoque complementa un cuestionario es que se piensa que el grupo verifica las representaciones que el cuestionario busca evaluar; es decir, se piensa que el grupo muestra si los supuestos acerca del cuestionario son v\u00e1lidos o no. En otras palabras, el grupo de enfoque supuestamente nos dice c\u00f3mo se entienden las preguntas.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, el cuestionario interpela, en primer lugar, a individuos que juzgan aconteceres pol\u00edticos a los que se hace referencia por medio de expresiones en tercera persona. Sus reacciones potenciales como actores pol\u00edticos (le primera o segunda persona se infieren mediante procedimientos estad\u00edsticos con la ayuda de algunos datos acerca de los papeles sociales que desempe\u00f1an normalmente. Por otro lado, la interacci\u00f3n controlada en un grupo de enfoque hace surgir los sujetos pol\u00edticos latentes en los individuos y los conmina a hablar m\u00e1s directamente, aunque este proceso no se describe as\u00ed.<\/p>\n<p>Entonces, si alguien est\u00e1 dise\u00f1ando un cuestionario para los prop\u00f3sitos que com\u00fanmente tienen los cuestionarios y desea mejorar sus reactivos, es recomendable que use signos con representaciones claras ya verificadas en grupos de enfoque. Es tambi\u00e9n una buena idea revisar de qu\u00e9 manera est\u00e1n operando los mecanismos de valoraci\u00f3n de que dispone el lenguaje, como el orden de las palabras. Pienso que todo ello puede hacerse m\u00e1s eficientemente si los prop\u00f3sitos del cuestionario se formulan de manera expl\u00edcita como he sugerido.<\/p>\n<p>Probablemente los grupos de enfoque tambi\u00e9n puedan ser planeados y conducidos con mayor eficiencia si se tienen en mente los marcos propuestos aqu\u00ed. Con base en estos marcos puede, por ejemplo, configurarse una lista de puntos que deben ser verificados, como: \u00bfla situaci\u00f3n que se describe es una en la que los participantes puedan realmente imaginarse actuando como ciudadanos, como delegados o alg\u00fan otro tipo de actor pol\u00edtico? \u00bfEs el esquema de aconteceres que se enfoca el mismo que nos interesar\u00e1 despu\u00e9s, cuando redactemos el cuestionario?<\/p>\n<p>Pero me gustar\u00eda proponer que, adem\u00e1s de mejorar los cuestionarios y los grupos de enfoque que actualmente se llevan a cabo, repens\u00e1ramos sus objetivos y sus caracter\u00edsticas fundamentales. Por el car\u00e1cter discreto de los reactivos de un cuestionario y por la \u00edndole de la interacci\u00f3n que determina, probablemente es un medio muy bueno de detectar n\u00facleos sem\u00e1nticos y datos. Pero, por la misma raz\u00f3n, tal vez los cuestionarios no sean siempre tan adecuados para captar valoraciones, como tendemos a creer.<\/p>\n<p>Por consideraciones similares, los grupos de enfoque deben de ser superiores a los cuestionarios para explorar esquemas y relaciones entre esquemas. Algunas veces tambi\u00e9n podr\u00edan ser mejores para revelar algunos tipos de valoraciones.<\/p>\n<p>Lo anterior nos lleva a sugerir que en ciertos estudios pudi\u00e9ramos beneficiar- nos de invertir el orden com\u00fanmente prescrito de grupo de enfoque y encuesta. Los aspectos del significado que son presupuestos en la observaci\u00f3n de un grupo ([e enfoque pudieran haber sido verificados antes por medio de un cuestionario. Entonces, tal vez, el grupo pudiera utilizarse de manera \u00f3ptima para lo que es id\u00f3neo.<\/p>\n<p>Desde la perspectiva adoptada, es obvio que tanto el cuestionario como el grupo de enfoque son muy limitados en su capacidad de mostrar las reglas de interacci\u00f3n entre personas y entre papeles sociales, no digamos el efecto combinado de ambas y las reglas para actores pol\u00edticos. Una serie de preguntas en las que se ejemplifiquen unos y otros pueden resaltar el problema: \u00bfes la valoraci\u00f3n de mm individuo acerca de su relaci\u00f3n con el Estado la misma cuando la expresa a su doctor que cuando la comparte con su hermano? \u00bfEs alguna de estas valoraciones la que se refleja en un cuestionario t\u00edpico? \u00bfSe sentir\u00e1 alguien m\u00e1s motivado a votar si al invitarlo se le interpela con un \u201ct\u00fa\u201d que con un \u201cnosotros\u201d? \u00bfO ser\u00e1 mayor el efecto si se siente representado por un \u201cyo\u201d arquet\u00edpico? \u00bfSe identificar\u00e1 m\u00e1s una votante con el destinatario de un mensaje si dicho destinatario es una ciudadana, una amiga en la comunidad o un miembro en una asociaci\u00f3n? Son preguntas que no se pueden investigar con los datos que nos proporcionan las encuestas y los grupos de enfoque que por ahora podemos tener.<\/p>\n<p>Tal vez deber\u00edamos concebir nuevos formatos para preguntas de cuestionarios y grupos de enfoque, o incluso metodolog\u00edas diferentes del cuestionario y el guipo de enfoque, para poder hablar a las personas, los papeles y los actores m\u00e1s directamente. Podr\u00edamos, por ejemplo, pensar en actuaciones y simulaciones, o en experimentos en los cuales la variable independiente sea el destinatario, o en alguna combinaci\u00f3n de las dos ideas.<\/p>\n<p>En el mismo esp\u00edritu, me parece que las bases semi\u00f3ticas que he propuesto pudieran contribuir a mejorar las entrevistas estructuradas y abiertas. Estas bases podr\u00edan, por ejemplo, indicar qu\u00e9 representaciones del entrevistado enfocar u c\u00f3mo hacerlo. Pero pudiera ser que las bases os hagan ver que las entrevistas no son necesariamente superiores a los cuestionarios en la tarea de obtener datos, u que yal vez sean invaluables en su capacidad de mostrar las ligas entre los diferentes noveles de la representaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ciertamente, las bases nos dir\u00e1n que nos beneficiar\u00edamos m\u00e1s si combin\u00e1ramos ambos tipos de entrevistas que si escogemos uno y excluimos el otro. Las entrevistas abiertas tendr\u00e1n que ser mejores para mostrar los medios que en realidad tienen a su disposici\u00f3n los usuarios del lenguaje para valorar aconteceres y situaciones. Por otro lado, las entrevistas estructuradas seguramente nos brindar\u00e1n, m\u00e1s oportunidades si indagamos qu\u00e9 efecto tiene tomar y dar la palabra en lo que se est\u00e1 siendo representado y valorado.<\/p>\n<p>Finalmente, este punto sugiere de nuevo que desarrollemos nuevas metodolog\u00edas. Hay una necesidad de generar satos en situaciones que podr\u00edan verse como h\u00edbridos entre el grupo de enfoque y la entrevista, y que deber\u00edan estar cerca tanto de la entrevista socioling\u00fc\u00edstica como de la observaci\u00f3n etnogr\u00e1fica <em>in situ.<\/em> Es necesario poder registrar el condicionamiento mutuo de la opini\u00f3n y la interacci\u00f3n cuando dos hermanas, dos miembros de un sindicato o un jefe y un empleado nos dicen (y discuten entre s\u00ed) como ven algo.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p>Austin, J. L. (1962, 2a. Ed.: 1975), <em>How to Do Things with Words, <\/em>Oxford, Oxford University Press.<\/p>\n<p>Bateson, Gregory (1954), \u201cA Theory of Play and Fantasy\u201d, en <em>Steps to an Ecology of Mind, <\/em>Nueva York, Ballantine, pp. 177-193.<\/p>\n<p>Bertaux, Daniel (1980), \u201cL\u00b4approche biographique: sa validit\u00e9 m\u00e9thodologique, ses pontentialit\u00e9s, <em>Cahiers Internationaux de Sociologie, <\/em>vol. LXIX, pp. 197-225.<\/p>\n<p>B\u00fchler, K. (1934), (reimpreso e 1965), <em>Sprachtheorie<\/em>, Jena, Fischer.<\/p>\n<p>Casta\u00f1os, Fernando (1996a), \u201cDiscourse in ESOL Research ando Design: The Basic Units\u201c, tesis doctoral, Universidad de Londres, Instituto de Educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Casta\u00f1os, Fernando (1996b), \u201cIllocution, dissertation, perlocution\u201d, ponencia plenaria presentada en el 5\u00b0 Congreso Internacional de Pragm\u00e1tica (5<sup>th <\/sup>International Pragmatics Conference) de la Asociaci\u00f3n Internacional de Pragm\u00e1tica (IPrA), M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Casta\u00f1os, Fernando (1996c), \u201cCoordinaci\u00f3n social: \u00bfcomunidad, Estado, mercado o asociaciones?, en el Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM, <em>Los mexicanos de los noventa, <\/em>M\u00e9xico, IIS-UNAM, pp. 42-53.<\/p>\n<p>Casta\u00f1os, Fernando, Julia Isabel Flores y Yolanda Meyenberg (1996d), \u201cAnexo 3: distribuci\u00f3n de frecuencias porcentuales\u201d, en Instituto Federal Electoral e Instituto de Investigaciones Sociales-UNAM, <em>La reforma electoral y su contexto sociocultural, <\/em>\u00a0M\u00e9xico, IFE\/IIS, UNAM.<\/p>\n<p>Flores, Julia Isabel (1996), \u201cCultura: comunidad, instituciones, visi\u00f3n de la existencia, identidad, ideolog\u00eda\u201d, en Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM, <em>Los mexicanos de los noventa, <\/em>M\u00e9xico, IIS-UNAM, pp. 24-40, 78-122.<\/p>\n<p>Fontana, Andrea y James H. Frey (1994), \u201cInterviewing the art of science\u201d, en Norman K. Denzin e Yvonna S. Lincoln (comps.), <em>Handbook of Qualitative Research<\/em>, Thousand Oaks, Sage, pp. 361-376.<\/p>\n<p>Geertz, Clifford (1983), (edici\u00f3n en espa\u00f1ol, 1994), <em>Local Knowledge: Further Essays in Interpretive Anthropology,<\/em> Nueva York, Basic Books. (<em>Conocimiento local: ensayos sobre la interpretaci\u00f3n de las culturas, Barcelona<\/em>, Paid\u00f3s.)<\/p>\n<p>Goffman, Erving (1974), <em>Frame Analysis<\/em>, Nueva York, Harper &amp; Row.<\/p>\n<p>Greimas, A. J. (1970), <em>Du Sens: Essais S\u00e9miotiques<\/em>, Par\u00eds, Seuil.<\/p>\n<p>Habermas, J\u00fcrgen (1981), (edici\u00f3n en espa\u00f1ol, 1987), <em>Theorie des kommunikativen Handelns, <\/em>Frankfurt, Suhrkamp Verlag (<em>Teor\u00eda de la acci\u00f3n comunicativa<\/em>, Madrid, Taurus).<\/p>\n<p>Krueger, Richard A. (1988), (edici\u00f3n en espa\u00f1ol, 1991), <em>Focus Groups: A Practical Guide for Applied Research<\/em>, Londres, Sage <em>(El grupo de discusi\u00f3n come pr\u00e1ctica para la investigaci\u00f3n aplicada<\/em>, Madrid, Pir\u00e1mide).<\/p>\n<p>Lyons, John (1977), <em>Semantics<\/em>, volumen 1, Cambridge, Cambridge University Press.<\/p>\n<p>Merton, R. K., M. Fiske y P. L. Kendall (1956), The Focused Interview, Glencoe, II., Free Press.<\/p>\n<p>Meyenberg, Yolanda (1996), \u201cModernizaci\u00f3n: econom\u00eda de mercado, democracia formal, individualizaci\u00f3n\u201d, en Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM, <em>Los mexicanos de los noventa,<\/em> M\u00e9xico, I1S-UNAM, pp. 24-40.<\/p>\n<p>Ogden, C. K. e I. A. Richards (1923), <em>The Meaning of Meaning<\/em>, Londres, Routledge &amp; Kegan Paul.<\/p>\n<p>Peirce, C. S. (compilador J. Buchler), (1940), <em>The Philosophy of Peirce: Selected Writings,<\/em> Londres, Longman.<\/p>\n<p>Saussure, F. de (1916), (octava edici\u00f3n en espa\u00f1ol, 1970), <em>Cours de ling\u00fcistique g\u00e9n\u00e9rale<\/em>, Par\u00eds, Payot (<em>Curso de ling\u00fc\u00edstica general<\/em>, Buenos Aires, Losada).<\/p>\n<p>Silverman, David (1993), <em>Interpreting Qualitative Data: Methods for Analysing Talk<\/em>, <em>Text and Interaction<\/em>, Londres, Sage.<\/p>\n<p>Tannen, Deborah (1993), \u201cWhat\u2019s in a Frame\u201d, en Deborah Tannen (comp.), <em>Framing in Discourse<\/em>, Oxford, Oxford University Press.<\/p>\n<p>Twanama, Walter (1996), \u201cLos peruanos se encuentran: una aproximaci\u00f3n al cambio cultural\u201d, tesis de maestr\u00eda en ciencias sociales, Flacso, sede M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Van Dijk, T. y W. Kintsch (1983), <em>Strategies of Discourse Comprehension<\/em>, Nueva York, Academic Press.<\/p>\n<p>Widdowson, H. G. (1973), \u201cDirections in the teaching of discourse\u201d, en S. P. Corder y E. Roulet (comps.), <em>Proceedings<\/em> <em>of the First Neuchatel Colloquium<\/em>, Bruselas, Aimar, Didier.<\/p>\n<hr size=\"1\" \/>\n<div>\n<div>\n<p>[1] Este texto es la tercera versi\u00f3n de un trabajo presentado anteriormente como ponencia en el simposio \u201cPolitical Culture in Mexico: Towards a Theoretical Consensus\u201d, que tuvo lugar en la Universidad de Chicago en 1996, y en el Seminario de Discusi\u00f3n sobre Cultura Pol\u00edtica, organizado por el Instituto de Investigaciones Sociales d la UNAM, El Colegio ele M\u00e9xico y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en la ciudad de M\u00e9xico en 1996.<\/p>\n<p>[2] Los grupos de enfoque (Merton, Fiske y Kendall, 1956), algunas veces llamados \u201cgrupos de discusi\u00f3n\u201d en espa\u00f1ol (como en la traducci\u00f3n de Krueger, 1988), son conjuntos de personas que no conocen entre s\u00ed, com\u00fanmente del mismo g\u00e9nero, la misma edad y el mismo estrato socioecon\u00f3mico, que han sido convocadas para comentar un conjunto de temas presentados por un coordinador (o coordinadora). Las opiniones que se expresan son registradas en alg\u00fan medio magn\u00e9tico, generalmente con el consentimiento de los participantes, y son analizadas posteriormente. Es frecuente que haya alg\u00fan observador en la sala donde tiene lugar la sesi\u00f3n o detr\u00e1s de un espejo Gessell. Para una discusi\u00f3n de las caracter\u00edsticas de los grupos de enfoque en relaci\u00f3n con las de otros tipos de revistas v\u00e9ase Fontana y James (1994).<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>[3] La inducci\u00f3n anal\u00edtica consiste en un an\u00e1lisis consecutivo de casos que busca diferencias pertinentes hasta que \u00e9stas se agotan (Silverman, 1993: 161). Es algo similar a lo que Bertaux (1980) llama \u201csaturaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>[4] V\u00e9ase, por ejemplo, el pr\u00f3logo al cl\u00e1sico moderno de Geertz, Local Knowledge (1983) Cons\u00faltese tambi\u00e9n la rese\u00f1a selectiva de Twanama (1996) sobre los textos que tratan el tema de la cultura.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>[5] Bateson (1954) mostr\u00f3 que un mensaje no pod\u00eda ser comprendido sin referirse a un metamensaje acerca de cu\u00e1l marco de interpretaci\u00f3n resulta aplicable. Esto ha influido a pensadores en muchos campos de la socioling\u00fc\u00edstica, como Goffman (1974) y Tannen (1993), y la psicoloing\u00fc\u00edstica, como Van Dijk y Kintsch (1983).<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>[6] El estudio aludido fue una encuesta nacional sobre los temas de la reforma pol\u00edtica de 1996 (Instituto Federal Electoral e Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico, 1996). La investigaci\u00f3n sociopol\u00edtica de este estudio estuvo a cargo de Fernando Casta\u00f1os, Julia Isabel Flores y Yolanda Meyenberg.<\/p>\n<p>[7] De hecho, la situaci\u00f3n podr\u00eda resultar m\u00e1s compleja. Algunos grupos de la poblaci\u00f3n podr\u00edan tener en realidad una cultura autoritaria, mientras que la mayor\u00eda tiene la cultura no autoritaria descrita en el cuerpo del texto.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>[8] 8 Para Saussure (1916) el signo ling\u00fc\u00edstico no une una cosa y un nombre, como se piensa en muchos \u00e1mbitos y como se pensaba com\u00fanmente en la ling\u00fc\u00edstica antes de \u00e9l. En su concepci\u00f3n, el signo es una entidad ps\u00edquica de dos elementos que \u201cest\u00e1n \u00edntimamente unidos y se reclaman rec\u00edprocamente: una imagen ac\u00fastica o representaci\u00f3n del sonido material, que Saussure denomina \u201csignificante\u201d, y un concepto, que denomina \u201csignificado\u201d. Las principales concepciones del signo en este siglo, entre las que deben mencionarse al menos las de Ogden y Richards (1923), Peirce (1940) y Greimas (1970) son afines (aunque no id\u00e9nticas) a la de Sanssure, y la mayor\u00eda se derivan de \u00e9sta.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>[9] Para evitar confusiones, las \u201crepresentaciones\u201d debieran concebirse como \u201crepresentaciones proposicionales\u201d, es decir, como constituidas por proposiciones, en el sentido l\u00f3gico, filos\u00f3fico o ling\u00fc\u00edstico. En estos campos una proposici\u00f3n por lo general se define como la asociaci\u00f3n de un argumento y un predicado, y un argumento representa una entidad, mientras que un predicado representa una propiedad que puede ser atribuida a entidades, o una relaci\u00f3n que puede existir entre entidades. Una visi\u00f3n m\u00e1s completa de tipos de predicados se presenta en Casta\u00f1os (1996a, pp. 169-173).<\/p>\n<p>[10] V\u00e9ase, por ejemplo, Tannen (1993).<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>[11] Lara formul\u00f3 la propuesta aludida en un trabajo intitulado \u201cConocimiento y pragm\u00e1tica en los fundamentos de la sem\u00e1ntica\u201d, que present\u00f3 en el Hl Congreso Nacional de Ling\u00fc\u00edstica de la Asociaci\u00f3n Mexicana de Ling\u00fc\u00edstica Aplicada, el cual tuvo lugar en 1995 en la ciudad de Puebla.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>[12] El primer autor en plantear estas ideas fue Widdowson (1973), quien las emple\u00f3 con el doble prop\u00f3sito de introducir en la investigaci\u00f3n relacionada con la ense\u00f1anza de lenguas extranjeras la noci\u00f3n de <em>acto de habla<\/em> desarrollada por Austin (1962) en la filosof\u00eda anal\u00edtica y proponer modificaciones a los enfoques did\u00e1cticos en esa materia.<\/p>\n<p>[13] \u00c9sta es una formulaci\u00f3n breve de la idea de que hay tres tipos fundamentales de actos de habla: ilocucionarios, de disertaci\u00f3n y perlocucionarios. He planteado esta idea en varias presentaciones, sor ejemplo en Casta\u00f1os (1996b). y he defendido extensamente su punto m\u00e1s controversial (la distinci\u00f3n entre ilocuci\u00f3n y disertaci\u00f3n) en Casta\u00f1os (1996a).<\/p>\n<\/div>\n<div><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Casta\u00f1os, Fernando. \u201cObservar y entender la cultura pol\u00edtica: algunos problemas\u00a0fundamentales y una propuesta de soluci\u00f3n\u201d. Revista Mexicana de Sociolog\u00eda. 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