{"id":936,"date":"2015-06-29T14:17:24","date_gmt":"2015-06-29T20:17:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.discurso.info\/?p=936"},"modified":"2017-01-09T12:12:06","modified_gmt":"2017-01-09T18:12:06","slug":"discurso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.discurso.info\/es\/2015\/06\/29\/discurso\/","title":{"rendered":"Discurso"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<div title=\"Page 1\">\n<p>DEFINICIO\u0301N<\/p>\n<p>Durante las de\u0301cadas de 1950 y 1960, en las conversaciones cotidianas y en los medios de comunicacio\u0301n, el te\u0301rmino discurso se empleaba para referirse a tipos especi\u0301ficos de alocuciones. Quien lo escuchaba pensaba en palabras dichas en condiciones ma\u0301s bien formales. Sabi\u0301a que generalmente eran pronunciadas por emisores designados previamente para ello y que sus propo\u0301sitos se encontraban dentro de un rango restringido. Suponi\u0301a que ellos eran personajes reconocidos o funcionarios importantes que conmemoraban algo, poli\u0301ticos que buscaban un cargo, o bien li\u0301deres que promovi\u0301an una causa.<\/p>\n<p>Hoy, para periodistas y conductores importantes, la palabra discurso denota toda suerte de unidades, no so\u0301lo de habla, sino de escritura, y parece que este significado ma\u0301s amplio se esta\u0301 extendiendo entre la poblacio\u0301n. Con esta voz puede hacerse referencia a arti\u0301culos cienti\u0301ficos o a conversaciones casuales, a convenios comerciales o a alegatos juri\u0301dicos, a narraciones fabulosas o a testimonios graves. Se le encontrara\u0301 utilizada tambie\u0301n para aludir al vocabulario, al estilo o al sistema de ideas propio de una de esas unidades. En parte, el cambio se debe a la difusio\u0301n de algunos usos ancestrales de la palabra, que se habi\u0301an conservado en a\u0301mbitos restringidos, por ejemplo, para nombrar algunos tratados filoso\u0301ficos, y en buena medida, es resultado de una transferencia de conocimientos de los espacios de las ciencias sociales y las<\/p>\n<\/div>\n<div title=\"Page 2\">\n<div>\n<div>\n<p>humanidades a los del sentido comu\u0301n. Lo que ha impulsado la nueva denotacio\u0301n del te\u0301rmino es advertir que en todos los usos de la lengua se recrea nuestro universo. Tanto una pla\u0301tica informal o una arenga improvisada como una exposicio\u0301n preparada de antemano dependen de reglas de interpretacio\u0301n que se han ido dando en las sociedades y que se presentan cada vez que se emplean palabras. Los hablantes y sus destinatarios saben, por ejemplo, que en un desplegado, el pronombre nosotros ha de entenderse literalmente como una pluralidad de primeras personas, pero en una consulta, el me\u0301dico puede utilizarlo para interpelar al paciente y asi\u0301 evitar las implicaciones de elegir entre tu\u0301 y usted. Aqui\u0301, en el hecho simple de elegir el significado literal o uno diferente, entran en juego las nociones de persona, pluralidad e interpelacio\u0301n, y, con ellas, ciertas formas de observar lo que ocurre y ciertas maneras de relacionarnos. Esto ocurre porque hay, precisamente, reglas del juego que nos indican quie\u0301n puede referirse a que\u0301, cua\u0301ndo y co\u0301mo.<\/p>\n<p>Las distintas formas de habla y escritura que hoy comprende la palabra discurso tambie\u0301n se califican en funcio\u0301n de criterios comunes, conforme a un nivel de abstraccio\u0301n pertinente; por ejemplo, se espera, o al menos es deseable, que una nota periodi\u0301stica, al igual que una clase de matema\u0301ticas, sea informativa y coherente. Un chiste, al infringir el co\u0301digo, lo reconoce; cuando es eficaz, nos hace rei\u0301r porque su inesperado desenlace pone en evidencia las expectativas que se van generando con cualquier narracio\u0301n en funcio\u0301n de las exigencias de informacio\u0301n y coherencia. Tales normas de apreciacio\u0301n, como las reglas de interpretacio\u0301n, son logros culturales que se heredan y enriquecen con<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 3\">\n<div>\n<div>\n<p>el paso de las generaciones. Entonces, aun cuando no se cumplan las reglas y los criterios, hay en la simple utilizacio\u0301n de la lengua una referencia a ellos, la mayori\u0301a de las veces ta\u0301cita; de hecho, desobedecer las reglas e incumplir los criterios no siempre son meras faltas y, en muchas ocasiones, son significativos en si\u0301. Ma\u0301s au\u0301n, el cumplimiento y la infraccio\u0301n son los principales medios por los que se ratifican y se modifican unas y otros, aunque tanto en la conservacio\u0301n como en el cambio, tambie\u0301n intervienen los pronunciamientos expresamente normativos de personas y organismos a los que se confiere autoridad, como las academias de las lenguas, los comite\u0301s de premiacio\u0301n literaria, las comisiones editoriales de las asociaciones cienti\u0301ficas, los consejos de redaccio\u0301n de los medios de comunicacio\u0301n y los secretariados de los o\u0301rganos de representacio\u0301n poli\u0301tica.<\/p>\n<p>En las tramas discursivas, se ponen en juego las visiones que acerca del mundo tienen los usuarios, es decir, los hablantes y los oyentes, los autores y los lectores. Ahi\u0301 se escenifican tambie\u0301n las relaciones que ellos guardan entre si\u0301. Las reglas de interpretacio\u0301n y los criterios de juicio del discurso suponen formas de clasificar las cosas y asignarles papeles en los acontecimientos. Por lo tanto, importa cua\u0301l de las opciones definidas por las reglas y los criterios se elijan; sabemos1 que no es lo mismo (1) que (2):<\/p>\n<p>(1) El bebe\u0301 lloro\u0301. La mama\u0301 cargo\u0301 al bebe\u0301. (2) La mama\u0301 cargo\u0301 al bebe\u0301. El bebe\u0301 lloro\u0301.<\/p>\n<p>1 Esta es una observacio\u0301n de Widdowson y Urquhart (1976) que ha tenido una influencia indirecta considerable, aunque no ha recibido el reconocimiento que merece.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 4\">\n<div>\n<div>\n<p>Las tramas implican tambie\u0301n maneras de definir las identidades, las adscripciones, las posiciones y los alineamientos de las personas. Cuando Armando Manzanero dice \u201csoy un trovador\u201d para contestar si acepta que le llamen \u201cpoeta\u201d, asume unas maneras de relacionarse con la lengua y con su pu\u0301blico; cuando Bob Dylan dice \u201csoy un trapecista\u201d, en respuesta a la misma pregunta, plantea otras formas de hacerlo. Adema\u0301s de expresar pudor y mesura ante la palabra poeta, la afirmacio\u0301n literal del baladista roma\u0301ntico refleja la aspiracio\u0301n de que en sus li\u0301neas se reconozcan los auditorios que va encontrando al andar. En cambio, al tiempo que llama a cuentas al mismo vocablo, la meta\u0301fora del rockero lo presenta a e\u0301l ante la concurrencia como alguien dispuesto a dar giros inesperados y lo invita a ser co\u0301mplice de los riesgos que corre.2<\/p>\n<p>Generalmente, cuando se observan las reglas y se adoptan los criterios del discurso, se suscriben las clasificaciones de los seres y los modelos de acontecimientos que contiene la lengua. Asimismo, se validan los vi\u0301nculos entre los usuarios que entran\u0303a el habla. A la inversa, actuar al margen de las reglas y de los criterios muchas veces expresa desacuerdos con las formas de aprehender las entidades y sus dina\u0301micas. Por los mismos medios se cuestiona tambie\u0301n el orden que rige a los usufructuarios. Es lo anterior lo que explica que las alianzas y las contiendas poli\u0301ticas sean, casi siempre, negociaciones y confrontaciones discursivas. Un ejemplo ilustrativo es la lucha entre el Eje\u0301rcito<\/p>\n<p>2 Estas observaciones se basan en ana\u0301lisis que he presentado en mis cursos de doctorado en el Posgrado en Ciencias Poli\u0301ticas y Sociales de la UNAM y que estoy recogiendo de manera abreviada en mi sitio electro\u0301nico (www.discoursescience.info).<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 5\">\n<div>\n<div>\n<p>Zapatista de Liberacio\u0301n Nacional (EZLN) y el gobierno mexicano a mediados de los an\u0303os de 1990. E\u0301sta se libro\u0301, primero, mediante comunicados de cada parte; luego, en discusiones sobre reglas para la deliberacio\u0301n y, despue\u0301s, incluso, en conversaciones para generar una propuesta comu\u0301n de reforma constitucional. En todos esos discursos, cada uno, el gobierno y el EZLN, disputaba la identidad que el otro asumi\u0301a y difundi\u0301a (Castan\u0303os et al., 2000). De esa manera, confrontaban sus pretensiones de legitimidad y de representacio\u0301n.<\/p>\n<p>Entonces, en el a\u0301mbito acade\u0301mico, tiende a pensarse que en el discurso se establecen las concepciones y se generan las relaciones que definen a las sociedades. En forma breve, y quiza\u0301 provocativa, muchas veces se dice que la realidad es construida por el discurso. Sin embargo, es frecuente tambie\u0301n que se plantee que todo discurso esta\u0301 determinado por sus condiciones de produccio\u0301n, que lo que se dice y escribe obedece a concepciones y relaciones previas y, por lo tanto, las reproduce. Hay una dificultad ba\u0301sica para precisar co\u0301mo y en que\u0301 medida un discurso puede ser agente y, al mismo tiempo, proyeccio\u0301n de su a\u0301mbito social. Aunque, como ya se sen\u0303alo\u0301, lo que puede observarse en relacio\u0301n con el conjunto denotado por la palabra discurso es algo muy cercano al consenso, este te\u0301rmino esta\u0301 lejos de representar un concepto comu\u0301n.<\/p>\n<p>El discurso se caracteriza de distintas maneras en diferentes escuelas. Entre otras, se le ve como una unidad lingu\u0308i\u0301stica,3 una interaccio\u0301n<\/p>\n<p>3 Para nu\u0301meros considerables de investigadores, el discurso esta\u0301 constituido esencialmente como la frase o la oracio\u0301n, aunque es de orden mayor que estas unidades. Entre quienes<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 6\">\n<div>\n<div>\n<p>circunstancialmente determinada4 o una construccio\u0301n ideolo\u0301gica.5 Yo he propuesto definir un discurso como un signo complejo, nocio\u0301n que aprehende los elementos va\u0301lidos de las concepciones mencionadas anteriormente, evita los problemas que entran\u0303an y permite comprender mejor la relacio\u0301n entre el discurso y su a\u0301mbito (Castan\u0303os, 2011). Al igual que una palabra o un guin\u0303o, un discurso consta de un significante y un significado, que esta\u0301n asociados por la fuerza de la convencio\u0301n: en el caso de la palabra, el significante (o portador) es una serie de sonidos, como por ejemplo: m \u2013 e \u2013 s \u2013 a. Aqui\u0301, el significado (lo que se porta) es una nocio\u0301n, como la que aprehende una definicio\u0301n de diccionario: \u201cmueble compuesto por una plataforma sostenida por una o varias patas, encima de la cual generalmente se pone o se hace algo\u201d (DEM, 2010). En el caso del guin\u0303o, el significante es el cierre de un ojo, y el significado, una expresio\u0301n de empati\u0301a o un llamado a la complicidad.<\/p>\n<p>El significante de un discurso es un texto y el significado un mensaje; pero<\/p>\n<p>el primero es ya un signo o, mejor dicho, una serie de signos. Esta\u0301 formado de<\/p>\n<p>suscriben esta concepcio\u0301n, destacari\u0301an dos grupos diferentes entre si\u0301: uno que considera a Zellig Harris (1952) como el gran precursor y otro que toma a Michael Halliday y Ruquaya Hasan (1976) como los grandes iniciadores,<br \/>\n4 Han ido ganando adeptos las ideas de que en un discurso se responde de diversas maneras, sobre todo por medio de la prosodia, a su situacio\u0301n y que e\u0301sta se define, no so\u0301lo por el tiempo y el lugar de emisio\u0301n, sino tambie\u0301n por una multiplicidad de factores sociales y psicolo\u0301gicos, como la relacio\u0301n entre los participantes y la intencio\u0301n de los hablantes. Destacan en esta li\u0301nea dos corrientes de investigacio\u0301n: la etnometodologi\u0301a y el ana\u0301lisis conversacional. Los fundamentos de estas corrientes se pueden apreciar en Garfinkel (1967), Sacks y Garfinkel (1970), Sacks, Schegloff y Jefferson (1974) y Sacks (1995).<\/p>\n<p>5 Con base en ana\u0301lisis sustentados en la grama\u0301tica siste\u0301mico funcional de Michael Halliday (1973), Gunther Kress y Robert Hodge (1979) observaron que las distintas maneras de hablar de un mismo acontecimiento lo representan o modelan de diferentes maneras, por ejemplo, culpando o soslayando al agente. A partir de aqui\u0301, en buena medida inspirados por la nocio\u0301n marxista cla\u0301sica de la ideologi\u0301a, es decir, como una conciencia social determinada por el ser social, hicieron ver que en el discurso se libran disputas de poder, lo que dio pie a una corriente denominada Ana\u0301lisis Cri\u0301tico del Discurso, a la cual se hara\u0301 alusio\u0301n en la u\u0301ltima seccio\u0301n de este arti\u0301culo.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 7\">\n<div>\n<div>\n<p>palabras que tienen de antemano sus significados como tales, sus significados literales. En el momento de ser usadas, pueden adquirir un valor discursivo coincidente con ese significado literal, como ocurre con nosotros en el caso del desplegado y con trovador en el caso de Manzanero; pero tambie\u0301n pueden adquirir un valor diferente, como sucede con nosotros en el caso del doctor y con trapecista en el caso de Dylan.<\/p>\n<p>Adema\u0301s, el mensaje posee tres dimensiones, como se explicara\u0301 en la pro\u0301xima seccio\u0301n. Por medio de un texto, se realizan actos que hacen presente o modifican el conocimiento, como la definicio\u0301n, la observacio\u0301n y la generalizacio\u0301n; pero tambie\u0301n actos que reiteran o cambian las obligaciones y los derechos, como la promesa, la orden y la invitacio\u0301n, y asimismo actos que ratifican o alteran las valoraciones, como el elogio, la advertencia y la incitacio\u0301n. De hecho, un enunciado prototi\u0301pico tiene el potencial de realizar simulta\u0301neamente tres actos (uno de cada tipo), aunque hay ocasiones en que so\u0301lo se realiza un acto y otras en que se realizan dos.<\/p>\n<p>En ese orden de ideas, el significado textual de una unidad de habla o escritura constituye un conjunto potencial de actos y su significado discursivo es un conjunto de actos que se realizan por referencia al potencial y que pueden o no coincidir con e\u0301l. Por ejemplo, afirmar que hace calor puede ser una manera indirecta de pedir que se abra la ventana o una manera iro\u0301nica de decir que hace fri\u0301o. Que el significado discursivo de un enunciado sea igual o diferente de su significado textual dependera\u0301 de factores como la entonacio\u0301n, el ritmo y el volumen, en el caso de la lengua hablada, o la puntuacio\u0301n, la tipografi\u0301a y el<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 8\">\n<div>\n<div>\n<p>disen\u0303o de la pa\u0301gina, en el de la lengua escrita, factores que reciben la denominacio\u0301n te\u0301cnica de paralingu\u0308i\u0301sticos. Dependera\u0301 tambie\u0301n de sus entornos: de los enunciados que lo antecedan, es decir, de su contexto discursivo; del lugar y el momento en que se emita, es decir, de su ubicacio\u0301n fi\u0301sica; de quie\u0301n lo diga o escriba a quie\u0301n, es decir, de su situacio\u0301n de enunciacio\u0301n, y de las relaciones que guarden entre si\u0301 esos individuos fuera de la situacio\u0301n y con otros a los que se haga referencia, es decir, de su a\u0301mbito social.<\/p>\n<p>La coincidencia o divergencia entre los significados textual y discursivo estara\u0301 tambie\u0301n en funcio\u0301n de la o\u0301ptica o punto de vista que se adopte, lo que, a su vez, estara\u0301 implicado en los propo\u0301sitos del discurso. En un arti\u0301culo de una revista cienti\u0301fica que busque explicar las propiedades de ciertas algas de la Huasteca, es poco probable que la palabra ce\u0301lula se use metafo\u0301ricamente; en cambio, en un arti\u0301culo periodi\u0301stico que intente informar sobre un nuevo sistema de generacio\u0301n de ima\u0301genes, es muy improbable que la misma palabra se use literalmente.<\/p>\n<p>En suma, un discurso es una serie de enunciados con que se realizan actos episte\u0301micos, normativos y valorativos. Esos actos pueden corresponder al potencial textual de los enunciados o apartarse de e\u0301l, dependiendo de reglas convencionales y en funcio\u0301n de los propo\u0301sitos, las perspectivas y los entornos de enunciacio\u0301n.<\/p>\n<p>HISTORIA, TEORI\u0301A Y CRI\u0301TICA<br \/>\nLas ideas que sustentan las definiciones expuestas en el apartado anterior provienen de indagaciones en distintos campos de las humanidades y de las<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 9\">\n<div>\n<div>\n<p>ciencias sociales. Muy probablemente seri\u0301an aceptadas por la mayori\u0301a de los estudiosos del discurso, aunque las ponderari\u0301an de maneras diferentes, segu\u0301n sus orientaciones. La concepcio\u0301n de un discurso como un signo complejo fue prefigurada por Charles Peirce (1894), Jacques Derrida (1967) y Roland Barthes (1957). De acuerdo con los dos primeros, un signo remite a otro signo; de acuerdo con el tercero, hay signos que son significantes. Adoptar esa concepcio\u0301n implica asignar importancia a lo que tienen en comu\u0301n un discurso y muchos otros signos que forman parte de la vida social. Nos lleva a subrayar, de entrada, el cara\u0301cter convencional de la asociacio\u0301n entre el texto y el mensaje, a ver que es arbitraria, en el sentido de Ferdinand de Saussure (1916), o intencional, segu\u0301n John Searle (1995), que es atribuida por los usuarios del discurso. No hay entre el texto y el mensaje ni una relacio\u0301n causal ni una semejanza que pudieran llevar de uno al otro a alguien ajeno a las convenciones de atribucio\u0301n. Un discurso es, por ello, como una sen\u0303a, que tiene el significado de saludo porque se lo hemos dado, y no como el humo, que significa fuego porque es causado por el fuego. Es como una moneda, en la que reconocemos un valor porque el valor le ha sido asignado, y no como un reflejo, en el que vemos un objeto porque sus puntos corresponden a los de e\u0301l.<\/p>\n<p>Por supuesto, decir que un discurso es convencional, arbitrario o intencional no quiere decir que sea caprichoso. Si\u0301 implica advertir que un mismo texto podri\u0301a expresar distintos mensajes en diferentes circunstancias, y que un mismo mensaje podri\u0301a ser plasmado en distintos textos; pero tambie\u0301n conlleva afirmar que toda interpretacio\u0301n de un texto puede ser juzgada como<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 10\">\n<div>\n<div>\n<p>va\u0301lida o inva\u0301lida, o dicho de manera ma\u0301s sutil, que entre dos interpretaciones posibles generalmente puede decirse cua\u0301l es preferible. De hecho, poner la complejidad del signo discursivo en un primer plano conlleva destacar la necesaria existencia de criterios de juicio. El punto clave de la distincio\u0301n entre las nociones de significado textual y significado discursivo es que el primero es universal en el sentido y en la medida en que lo es la lengua; mientras que el segundo es particular, propio de una ocasio\u0301n. Lo que se formula con una combinacio\u0301n de palabras, en virtud de sus sentidos literales y de sus relaciones gramaticales, es lo mismo siempre, sin importar quie\u0301nes y cua\u0301ndo las combinen; pero lo que se logra decir al usar esa formulacio\u0301n vari\u0301a con la situacio\u0301n y con el contexto de uso.<\/p>\n<p>Los significados de la lengua, que son la materia del texto, existen antes del discurso. El significado discursivo se crea ahi\u0301, con el discurso. Podri\u0301amos permitirnos decir que se produce en el discurso o por el discurso; la licencia no seri\u0301a muy abusiva y ayudari\u0301a a recalcar que el discurso, ma\u0301s que un instrumento, es un medio activo.<\/p>\n<p>El significado discursivo puede entenderse como el resultado de una derivacio\u0301n; esta\u0301 formado por conjunciones, implicaciones y negaciones de elementos textuales seleccionados. Grosso modo, en el uso de trapecista por Dylan, ejemplo mencionado anteriormente, se toma la consecuencia de un salto a\u0301gil, llegar pronto de un punto a otro, y se destaca el deseo de trascender las limitaciones que lo impulsan; pero tambie\u0301n se deja fuera la naturaleza especi\u0301fica del salto, su cara\u0301cter fi\u0301sico. Lo que se selecciona y lo que se implica,<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 11\">\n<div>\n<div>\n<p>como lo que se niega, obedecen a una bu\u0301squeda de unidad entre lo que se esta\u0301 diciendo, lo que ya se ha dicho, lo que ya se sabi\u0301a y lo que se espera. Porque sabemos que el mu\u0301sico estadounidense no es un cirquero, procuramos encontrar un parecido que venga al caso entre los poetas y los trapecistas. Lo que sucede, entonces, es que lo impli\u0301cito no se transmite ni se recibe en un sentido estricto, sino que esta\u0301 suscitado por el autor y fabricado por el destinatario. Lo que rige la comunicacio\u0301n asi\u0301 entendida es lo que Paul Grice (1968) ha denominado \u201cprincipio de cooperacio\u0301n\u201d: quien participa en una conversacio\u0301n ha de intentar que su contribucio\u0301n sea verdadera, pertinente, clara y proporcionada; sabe que e\u0301sa es la consigna y que su interlocutor sabe que los dos lo saben. Ambos saben tambie\u0301n que si el hablante comete una falta probablemente es por una buena razo\u0301n, que asi\u0301 sera\u0301 percibido y que, por lo tanto, esa razo\u0301n debera\u0301 indagarse (y procurarse). Si, por ejemplo, cuando se pide una opinio\u0301n acerca de una tercera persona, la respuesta es demasiado breve, el oyente inferira\u0301 que la contestacio\u0301n completa es inco\u0301moda para el hablante y que, por lo tanto, su opinio\u0301n de la tercera persona no es muy buena. En un esfuerzo cooperativo, el oyente confecciona la solucio\u0301n que el hablante apenas indica.<\/p>\n<p>El principio de cooperacio\u0301n preside, incluso, el engan\u0303o y es la base para entender las diferentes formas del ardid. Lo que hace un prevaricador es inducir la creencia de que se han cumplido las cuatro exigencias de Grice cuando en realidad se ha faltado a alguna de ellas, o se ha incumplido alguna por una buena razo\u0301n, aun si ya hay una contribucio\u0301n que las satisfaga todas.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 12\">\n<div>\n<div>\n<p>De una manera u otra, es la propia vi\u0301ctima la que genera el error que lleva al timo.<\/p>\n<p>La comunicacio\u0301n y el discurso son contrapartes; si la una es cooperativa y, en una medida importante, impli\u0301cita, el otro es plural. Con un solo enunciado expli\u0301cito pueden darse a entender varias ideas impli\u0301citas. El significado discursivo puede tener ma\u0301s de una dimensio\u0301n, condicio\u0301n que, desde otra perspectiva, Michael Halliday (1970) ha calificado como cardinal del lenguaje humano, y que no ha sido debidamente atendida en el a\u0301mbito del que proviene nuestro conocimiento acerca del cara\u0301cter del significado discursivo: la filosofi\u0301a anali\u0301tica. Aqui\u0301, Bertrand Russell (1905) propuso, a principios del siglo XX, que decir cua\u0301ndo es verdadera y cua\u0301ndo falsa una oracio\u0301n equivale a decir cua\u0301l es su significado. Con ello, intentaba capturar una intuicio\u0301n importante: quien puede juzgar si lo que se dice es cierto o no es alguien que entiende lo que se dice. Russell sustentaba su tesis, sobre todo, en ana\u0301lisis perspicaces sobre algunas funciones de los arti\u0301culos definidos e indefinidos, de ciertas conjunciones y de algunos cuantificadores, con lo cual impulso\u0301 investigaciones en los terrenos de interseccio\u0301n de la filosofi\u0301a del lenguaje y de las filosofi\u0301as de la lo\u0301gica y las matema\u0301ticas, cuyo precursor habi\u0301a sido Gottlob Frege.6 De hecho, desde entonces hasta hoy, los grandes filo\u0301sofos interesados en alguno de estos tres campos han hecho referencia a la tesis de Russell, impli\u0301cita o<\/p>\n<p>6 Ver, por ejemplo, Frege, 1962: una compilacio\u0301n breve que presenta varias de sus ideas principales.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 13\">\n<div>\n<div>\n<p>expli\u0301citamente; unos para apoyarla o apoyarse en ella, otros para refutarla o cuestionar su pertinencia.<\/p>\n<p>De las discusiones sobre la relacio\u0301n entre el significado y la verdad han surgido numerosas aportaciones a la comprensio\u0301n del discurso. Las principales que aqui\u0301 se sen\u0303alara\u0301n son dos precisiones sobre los temas de los que habla Russel y sobre su manera de formular los problemas.<\/p>\n<p>En primer lugar, las oraciones no son ni verdaderas ni falsas, lo que planteara con agudeza Peter Strawson (1950); lo verdadero o falso es aquello que se dice con las oraciones, puesto que con una misma oracio\u0301n pueden decirse diferentes cosas. Por ejemplo, con la oracio\u0301n \u201cel sen\u0303or es sabio\u201d puedo decir que Juan es sabio y que Pedro es sabio, y no tienen que ser ciertas las dos cosas (ni tampoco falsas).<\/p>\n<p>En segundo lugar, si juzgamos algo como verdadero o falso, es porque se trata de una afirmacio\u0301n; pero con las oraciones no so\u0301lo se hacen afirmaciones, lo que mostrara con lucidez John Austin (1962), sino que se realizan muchi\u0301simos otros tipos de actos (como preguntar, invitar, protestar, bautizar, ordenar, adular, proponer, advertir o prometer), a los que este autor denomino\u0301 \u201cactos de habla\u201d. Entonces, la verdad so\u0301lo podri\u0301a dar cuenta de una parte del potencial general de significado de una oracio\u0301n, no de todo el significado potencial de ella, ni del significado especi\u0301fico que adquiere en un momento de uso.<\/p>\n<p>El propio Austin y, ma\u0301s tarde, John Searle (1976), disci\u0301pulo suyo y de Strawson, intentaron desarrollar una taxonomi\u0301a rigurosa de los actos de habla.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 14\">\n<div>\n<div>\n<p>Deci\u0301a Searle que e\u0301se era el problema ma\u0301s importante para quien buscaba comprender co\u0301mo funciona el lenguaje y quiza\u0301 teni\u0301a razo\u0301n, en cierto modo: para hacer, desde la teori\u0301a, afirmaciones que sean contrastables con nuestras observaciones, necesitamos identificar los actos que se realizan en cualquier momento. Los intentos de ambos fueron infructuosos, como lo lamenta el propio Searle, aunque de ellos se derivaron aportaciones muy valiosas, cuya relacio\u0301n queda fuera del alcance de este arti\u0301culo. Considero que la causa principal de la frustracio\u0301n de los esfuerzos de Austin y Searle fue no establecer adecuadamente la primera clasificacio\u0301n, es decir, no determinar cua\u0301ntos grandes tipos de actos de habla existen, lo que va de la mano, pienso, de contestar cua\u0301ntos actos se pueden realizar simulta\u0301neamente. No se puede afirmar catego\u0301ricamente que un acusado sea culpable y al mismo tiempo formularlo hipote\u0301ticamente. Tampoco se puede permitir y a la vez prohibir que esa persona declare en un juzgado, ni menospreciar una fotografi\u0301a testimonial en el momento en que se le confiere importancia. Sin embargo, si\u0301 se puede valorar la fotografi\u0301a, autorizar la declaracio\u0301n y plantear la hipo\u0301tesis.<\/p>\n<p>Desde otro a\u0301ngulo y en te\u0301rminos ma\u0301s generales, un enunciado puede emplearse para afirmar o negar un hecho con diferentes grados de conviccio\u0301n y, al tiempo, calificarlo como conveniente o inconveniente. Las cuatro combinaciones son posibles: afirmacio\u0301n y conveniencia, afirmacio\u0301n e inconveniencia, negacio\u0301n y conveniencia, negacio\u0301n e inconveniencia. Las dimensiones del conocimiento, o episte\u0301mica, y de la calificacio\u0301n, o valorativa, son independientes entre si\u0301. Lo es tambie\u0301n de ambas la dimensio\u0301n del precepto,<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 15\">\n<div>\n<div>\n<p>la normativa o deo\u0301ntica. Se puede hacer patente que una accio\u0301n esta\u0301 prohibida y afirmar que ocurre, o tratar una conducta como indeseable y suscribir que es obligada. Si partimos de aqui\u0301, de que hay tres grandes clases de actos de habla, los episte\u0301micos, los deo\u0301nticos y los valorativos, los problemas de clasificacio\u0301n de Austin y Searle se resuelven.<\/p>\n<p>La independencia lo\u0301gica y la posible combinacio\u0301n de actos que pertenecen a distintas dimensiones refuerzan un punto que tiene la mayor importancia y que muchas veces se olvida: no hay una manera u\u0301nica, predeterminada, en que un discurso se relacione con sus entornos y sus o\u0301pticas. Desde que se empezo\u0301 a reconocer lo que hoy se conceptualiza como discurso y a advertir que\u0301 hay que tomar en cuenta para analizarlo, se vio que la manera en que se acopla una cadena de palabras con la situacio\u0301n en que se produce es parte de su interpretacio\u0301n y, muchas veces, tiene consecuencias para su cabal comprensio\u0301n. En la antropologi\u0301a, tempranamente, Bronislaw Malinowsky (1923) y, posteriormente, Dell Hymes (1962) encontraron que si una idea se puede expresar de dos formas es porque cada forma, adema\u0301s de expresarla, indica una relacio\u0301n diferente; en un caso pudiera ser la que tienen el hablante y el oyente, en el otro la del hablante y aquello de lo que habla o la que guarda con su comunidad o, inclusive, con su divinidad. En la escuela de pensamiento gramatical denominada \u201csiste\u0301mica funcional\u201d \u2014inicialmente motivada por trabajos de Malinowsky y de su disci\u0301pulo John Firth\u2014,7 se han desarrollado tales ideas de manera muy fina, sobre todo por Roman Jakobson (1960) y 7 Ver Firth y Palmer, 1968.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 16\">\n<div>\n<div>\n<p>Michael Halliday (1970). Ellos han mostrado, por ejemplo, que con una variacio\u0301n mi\u0301nima en la seleccio\u0301n o el orden de las palabras no so\u0301lo se destaca o minimiza una de las relaciones, sino que alguno de los elementos de la relacio\u0301n se subraya o se deja fuera. En ello residen las diferencias entre (3), (4) y (5):<\/p>\n<p>(3) Quiero invitarla a una reunio\u0301n en mi casa.<br \/>\n(4) La invito a una reunio\u0301n en mi casa.<br \/>\n(5) Se extiende a usted una invitacio\u0301n a una reunio\u0301n en mi casa.<\/p>\n<p>Con (3) se enfatiza al emisor; con (4), al destinatario; con (5), la relacio\u0301n entre ellos queda en un segundo plano, y lo que ma\u0301s importa entonces es el acto de invitacio\u0301n.<\/p>\n<p>Desde otra perspectiva, tambie\u0301n antropolo\u0301gica, Gregory Bateson (1972) observo\u0301 que toda unidad de comunicacio\u0301n conlleva un mensaje acerca de si\u0301 misma (una especie de meta-comunicacio\u0301n que trata sobre su propio cara\u0301cter), y que, por lo tanto, comprender una comunicacio\u0301n implica enmarcarla apropiadamente. Por ejemplo, quien entiende una amenaza debe determinar si es real o es parte de un juego. Si se equivoca, su respuesta sera\u0301 inapropiada (y tal vez riesgosa). En la sociologi\u0301a, Erving Goffman desarrollo\u0301 y combino\u0301 ideas afines a las de Bateson y Hymes, quien probablemente fue influenciado, en parte directa y en parte indirectamente por ellos, y quien seguramente los influyo\u0301 a ambos. Lo mismo ocurrio\u0301 con John Gumperz, quien fue coautor con Hymes de algunos trabajos importantes.<\/p>\n<p>Goffman explico\u0301 la comunicacio\u0301n con base en una meta\u0301fora teatral (1974; 1959): cuando hablamos, creamos escenarios, nos ubicamos en ellos y<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 17\">\n<div>\n<div>\n<p>representamos papeles; tambie\u0301n nos ponemos vestuarios y asumimos expresiones faciales que correspondan con la representacio\u0301n, para hacerla ma\u0301s crei\u0301ble. Para comprender lo que se dice, hay que verlo como la adaptacio\u0301n de un libreto.<\/p>\n<p>Gumperz propuso que la interaccio\u0301n comunicativa depende de inferencias que hacen los participantes con base en supuestos que dependen de su cultura y del orden en que se encuentran y que, por lo tanto, la unidad de investigacio\u0301n no es el individuo, sino la comunidad de hablantes.8 Asimismo, establecio\u0301 que, para realizar esas inferencias, se requieren claves de contextualizacio\u0301n, las cuales pueden ser explotadas conscientemente por los usuarios. Entre ellas se encuentran las diferencias dialectales y sociolectales, que comunican informacio\u0301n muy difi\u0301cil de expresar de otra manera.<\/p>\n<p>A partir de las investigaciones de Bateson, Hymes, Gumperz y Goffman, se han constituido a\u0301reas de estudio especializadas en la conversacio\u0301n y en la interaccio\u0301n.9 Sobre las mismas bases, acade\u0301micos de disciplinas como la psicologi\u0301a, la neurologi\u0301a y la inteligencia artificial, junto con estudiosos dedicados especi\u0301ficamente a la investigacio\u0301n en torno al discurso, han establecido que toda produccio\u0301n y toda comprensio\u0301n de algu\u0301n enunciado invocan conocimientos esquema\u0301ticos propios de la comunidad del hablante. Estos conocimientos se clasifican en dos tipos. Los primeros resumen acontecimientos, generan expectativas y encuadran percepciones. Por ejemplo,<\/p>\n<p>8 Ver, por ejemplo, Gumperz, 1982.<br \/>\n9 Ver, por ejemplo, Saks, 1995 o Garfinkel, 1967.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 18\">\n<div>\n<div>\n<p>una persona en cuyo entorno cercano no se suelen dar regalos entendera\u0301 como una muestra especial de afecto que alguien le de\u0301 un obsequio debido, precisamente, a que no la esperaba. Por otro lado, alguien cuyo entorno tiene como una pra\u0301ctica comu\u0301n el dar regalos podri\u0301a interpretar uno como un mero gesto de cortesi\u0301a porque anticipaba el obsequio. Los esquemas del segundo tipo generalizan y anticipan las estructuras y las secuencias que usamos para referir, relatar y modelar los hechos. Hay modos usuales y excepcionales de hablar acerca de los regalos.<\/p>\n<p>Por todo lo anterior, existen correlaciones, entre los entornos y las formas de los discursos, y a veces son muy altas. Resumir los intentos por explicarlas requeriri\u0301a un texto medianamente extenso y, por lo tanto, queda fuera de los horizontes de este arti\u0301culo. Cabe advertir, al menos, que una de las ideas ma\u0301s difundidas al respecto es que el entorno determina el discurso, pero plantear esto es contradecir el espi\u0301ritu de las observaciones y las reflexiones que originalmente condujeron a notar las correlaciones. Un discurso es emplazado en relacio\u0301n con sus entornos por el autor o la autora, quien tiene la opcio\u0301n de hacerlo de diversas maneras, algunas de las cuales ratificari\u0301an nuestros supuestos acerca de los entornos y otros las cuestionari\u0301an. De manera ma\u0301s elaborada, los constituyentes de un discurso prototi\u0301pico se configuran en un orden doble:10 por una parte, se articulan entre si\u0301; por otra, se relacionan con sus entornos, de manera que quien produce una unidad de discurso ha de tomar en cuenta tanto normas de articulacio\u0301n como normas de relacio\u0301n.<br \/>\n10 Ver Foucault, 1970.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 19\">\n<div>\n<div>\n<p>LI\u0301NEAS DE INVESTIGACIO\u0301N Y DEBATE CONTEMPORA\u0301NEO<br \/>\nEn las u\u0301ltimas cuatro de\u0301cadas, se han analizado los discursos propios de diversos a\u0301mbitos, como la ciencia, la poli\u0301tica, la literatura, los medios de comunicacio\u0301n y el aula de clases. Especial atencio\u0301n ha recibido el empleo de recursos discursivos de formas que entran\u0303an la promocio\u0301n o la aceptacio\u0301n de condiciones de desigualdad, sobre todo en materia de ge\u0301nero, raza y clase social, principalmente de investigadores que suscriben el denominado \u201cana\u0301lisis cri\u0301tico del discurso\u201d,11 como, por ejemplo, Teun van Dijk (1993).<\/p>\n<p>Es de esperarse que en los pro\u0301ximos an\u0303os se procure reunir los resultados de dichos ana\u0301lisis y las aportaciones de las investigaciones lingu\u0308i\u0301sticas, filoso\u0301ficas, antropolo\u0301gicas y sociolo\u0301gicas, a las que se ha aludido en la seccio\u0301n anterior, en un cuerpo coherente de conocimientos, es decir, en una ciencia propiamente. Tal esfuerzo deberi\u0301a estar acompan\u0303ado de una revisio\u0301n de los fundamentos del campo, empezando por los conceptos definitorios del te\u0301rmino discurso mencionados en la primera seccio\u0301n (unidad lingu\u0308i\u0301stica, interaccio\u0301n circunstancialmente determinada, construccio\u0301n ideolo\u0301gica, etce\u0301tera), para buscar un consenso similar al que ya tiene su denotacio\u0301n.12<\/p>\n<p>Aunque los esfuerzos por articular diversas corrientes de pensamiento han sido menores de lo que seri\u0301a conveniente para el campo en su conjunto, es<\/p>\n<p>11 El iniciador de esta importante corriente fue Norman Fairclough (1989) y, como ya se indico\u0301 en la nota 5, los principales precursores de ella fueron Kress y Hodge (1979).<br \/>\n12 Entre otros que tambie\u0301n han sen\u0303alado lo valioso que seri\u0301a contar con ese consenso, destacari\u0301a a Widdowson (2004) y a Charaudeau y Maingenau (2002).<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 20\">\n<div>\n<div>\n<p>poco probable que la situacio\u0301n se sostenga, porque ya se han iniciado debates que ponen en evidencia tanto las carencias, como las posibilidades de superarlas. Por ejemplo, hay autores que suscribiri\u0301an los objetivos del citado ana\u0301lisis cri\u0301tico, pero no concuerdan con muchas de sus concepciones, porque han mostrado que aque\u0301l frecuentemente tiene poco rigor;13 por ejemplo, sen\u0303alan que en ocasiones los practicantes de esta corriente atribuyen al le\u0301xico propiedades que son de la sintaxis, y viceversa; asimismo, asumen como generales interpretaciones que la mayori\u0301a de los usuarios no necesariamente hari\u0301a. Tales cri\u0301ticas servira\u0301n para elevar las exigencias metodolo\u0301gicas y propiciar que los partidarios del ana\u0301lisis cri\u0301tico del discurso adopten los criterios te\u0301cnicos que hayan probado quienes tienen reparos respecto de su enfoque.<\/p>\n<p>Cabe pensar que, en la integracio\u0301n que resulte de la confrontacio\u0301n y la cooperacio\u0301n que hemos resen\u0303ado, probablemente tendra\u0301n especial relevancia los planteamientos que se han hecho en cuatro escuelas que han buscado no so\u0301lo analizar el uso o el abuso de los recursos discursivos, sino tambie\u0301n explicar los feno\u0301menos discursivos. La vocacio\u0301n de estas escuelas se refleja en que, para designarlas, se utilizan frases que contienen el sustantivo teori\u0301a, la preposicio\u0301n de, el arti\u0301culo la y alguna otra palabra que especifica: enunciacio\u0301n, recepcio\u0301n, argumentacio\u0301n, pertinencia.<\/p>\n<p>13 Ver, por ejemplo, Widdowson, 2004.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 21\">\n<div>\n<div>\n<p>La primera de esas escuelas, la de la teori\u0301a de la enunciacio\u0301n, cuyo primer y ma\u0301s lu\u0301cido exponente ha sido Emile Benveniste (1966),14 se ha concentrado en la ubicacio\u0301n, en el tiempo y el espacio, de aquello de lo que trata el discurso. E\u0301l y sus seguidores plantean que es posible referirse a hechos presentes, pasados o futuros, e indicar que ocurren cerca o lejos de los usuarios, porque el propio discurso los relaciona con el momento y el lugar de su enunciacio\u0301n, ya que el enunciador apunta hacia ellos mediante marcas discursivas. En consecuencia, diri\u0301amos que elaborar o subvertir estas herramientas con las cuales hacemos referencia a los objetos de los que hablamos es apuntalar o socavar la situacio\u0301n de habla y de nosotros como hablantes. Referir implica reconocer o cuestionar la ubicacio\u0301n de quien refiere y, por extensio\u0301n, tanto su papel como sus relaciones con los otros, lo que, a su vez, entran\u0303a aceptar o redefinir los papeles y las relaciones de los dema\u0301s. En otras palabras, un discurso actu\u0301a no so\u0301lo sobre su objeto, sino tambie\u0301n sobre su propio emplazamiento. Es esto lo que hace la literatura cuando crea realidades virtuales y la conversacio\u0301n cotidiana cuando recrea sus entornos.<\/p>\n<p>La escuela de la teori\u0301a de la recepcio\u0301n, cuyos principales proponentes han sido Hans Robert Jauss, Wolfgang Iser y Harald Heinrich,15 trata las relaciones entre el texto, el lector y la interpretacio\u0301n. Plantea que esta u\u0301ltima depende de un horizonte de expectativas que se encuentra en el texto como tal, y un horizonte de experiencias que esta\u0301 en el lector. A partir de ahi\u0301, por medio de<\/p>\n<p>14 Ver Benveniste, 1966.<br \/>\n15 Una seleccio\u0301n atinada de textos de estos y otros autores que se reconocen en la misma teori\u0301a se encuentra en Rall, 1987. Adema\u0301s de esta antologi\u0301a, recomendari\u0301amos tambie\u0301n Iser, 1989.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 22\">\n<div>\n<div>\n<p>juegos de palabras propios de escritores de mente anali\u0301tica, con la palabra alemana Spiel y la palabra inglesa play, proponen que la lectura es como la escenificacio\u0301n de un libreto. Aqui\u0301, el lector es, a la vez, espectador y actor; pero tambie\u0301n personaje que va sufriendo los cambios de la historia, y, ma\u0301s au\u0301n, es la materia en la que la obra va adquiriendo su textura. El lector ejecuta la trama como si e\u0301sta fuera una partitura; tiene un papel activo en el proceso. Al mismo tiempo, es el instrumento y la materia sonora en los que la trama esta\u0301 ejecutada; entonces el texto no deja de ser un agente. Asi\u0301, como si ensayara, quien lee se pone a prueba en papeles que seri\u0301a muy riesgoso asumir en la vida real; pero tambie\u0301n, en ocasiones, tiene experiencias tanto o ma\u0301s intensas que las de la vida. Por eso la literatura nos cambia, nos forma.<\/p>\n<p>La teori\u0301a de la argumentacio\u0301n surge como un dia\u0301logo contempora\u0301neo entre las disciplinas que integraban el trivium medieval. Esta escuela es, quiza\u0301, la ma\u0301s heteroge\u0301nea de las cuatro, pero todos sus integrantes se preguntan por que\u0301 los usuarios del discurso se apegan o se apartan de los preceptos de la lo\u0301gica y buscan explicarlo con base en derivaciones de la grama\u0301tica y de la reto\u0301rica. Los principales son Stephen Toulmin (1958), Chai\u0308m Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca (1958), Jean-Blaise Grize (1990), Osvald Ducrot (1980) y Frans H. van Eemerem y Rob Grootendorst (2004). En algunas ocasiones, ellos o sus seguidores promueven formas de disputa argumentativa regidas por una e\u0301tica de responsabilidades y en otras ven el problema en te\u0301rminos puramente estrate\u0301gicos, pero siempre consideran que el polemista exitoso es quien consigue que otros hagan suyas las ideas que defiende.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 23\">\n<div>\n<div>\n<p>Entonces, una buena estrategia en la argumentacio\u0301n es la que tiene por objetivo que los destinatarios acompan\u0303en al autor en la derivacio\u0301n de conclusiones, y una mejor au\u0301n, la que, sin haberlas enunciado expli\u0301citamente, deja que ellos las obtengan. Pueden adoptarse tales estrategias porque las estructuras del discurso son claves de lectura y porque en cada palabra hay, de entrada, orientaciones valorativas. Cuando encontramos la conjuncio\u0301n porque, sabemos que sigue una causa o una razo\u0301n; cuando vemos el adverbio tan, buscamos un punto de comparacio\u0301n y, si no esta\u0301 en la pa\u0301gina, lo proporcionamos; cuando aparece el adjetivo negro, sabemos que se habla de algo incierto y peligroso o de algo elegante y codiciado, y escogemos una de las dos calificaciones segu\u0301n el contexto. Por la manera en que se combinan las conjunciones, los adverbios, los adjetivos y las dema\u0301s palabras, todo enunciado apunta hacia una conclusio\u0301n, o sea, tiene una orientacio\u0301n, como diri\u0301an quienes se adscriben a la escuela. Adema\u0301s, quien argumenta se imagina los posibles contraargumentos y trata de rebatirlos.16 El lector o el auditor reconocen este dia\u0301logo anticipado y lo recrean. Pero, al tomar partido, juzgan tambie\u0301n si el emisor es o no va\u0301lido y, au\u0301n, si es apropiado o no que haya una argumentacio\u0301n. En coincidencia parcial con algunas de las ideas de las otras escuelas y con algunos de los planteamientos ba\u0301sicos tratados en las secciones anteriores, el estudio empi\u0301rico de la refutacio\u0301n y la contrarrefutacio\u0301n nos ensen\u0303a que presentar un argumento, adema\u0301s de acercarnos o alejarnos de su contenido,<\/p>\n<p>16 Ver, por ejemplo, Quiro\u0301z, Apothe\u0301loz y Brandt, 1992.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 24\">\n<div>\n<div>\n<p>nos convence de aceptar o rechazar las condiciones en que se produce la argumentacio\u0301n.<\/p>\n<p>La teori\u0301a de la pertinencia, o relevancia, surge de una actitud de reconocimiento a la visio\u0301n de Grice y tiene el propo\u0301sito de superar su principio de cooperacio\u0301n, aunque algunos de sus cri\u0301ticos diri\u0301an que es contraria al espi\u0301ritu de las ideas de ese filo\u0301sofo. Sus proponentes iniciales, Dan Sperber y Deidre Wilson (1986), buscan una explicacio\u0301n de los impli\u0301citos ma\u0301s austera, ma\u0301s precisa y ma\u0301s exhaustiva que la de Grice. Ellos plantean que, estrictamente, so\u0301lo se requiere uno de los criterios que e\u0301l planteara, el de la pertinencia, porque la satisfaccio\u0301n de los otros es derivable del cumplimiento de e\u0301ste. Definen la pertinencia como una relacio\u0301n o\u0301ptima entre consecuencias lo\u0301gicas y esfuerzo cognoscitivo: cuantas ma\u0301s consecuencias tenga una interpretacio\u0301n y menos esfuerzo requiera producirla, ma\u0301s pertinente sera\u0301. Sperber, Wilson y sus seguidores han estudiado los significados de distintas figuras reto\u0301ricas, como la meta\u0301fora y la ironi\u0301a, y las ideas comunicadas sin ser dichas en diversos tipos de discursos, como el humori\u0301stico y el publicitario. Ellos han ofrecido elucidaciones que se basan, todas, en la aplicacio\u0301n de la ma\u0301xima de relevancia o pertinencia. De acuerdo con e\u0301stas, tanto los significados figurativos como las ideas no dichas son derivados y seleccionados por los destinatarios. De entre dos interpretaciones posibles, siempre escogeremos la ma\u0301s pertinente para un contexto dado, ya sea la que tenga mayores consecuencias, si se necesita el mismo esfuerzo para producirlas, o la de ma\u0301s fa\u0301cil acceso, si tienen las mismas consecuencias. Por ejemplo, se<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div title=\"Page 25\">\n<div>\n<div>\n<p>entendera\u0301 \u201ces un nin\u0303o\u201d como \u2018es irresponsable\u2019, y no como \u2018es esponta\u0301neo\u2019, cuando se habla de confiarle una tarea a cierto adulto, porque ello tiene consecuencias en su contexto, mientras que la otra lectura es intrascendente; se entendera\u0301 como \u2018es esponta\u0301neo\u2019 cuando se pregunta por la sinceridad de la persona, y no como \u2018es inconstante\u2019, porque lo primero se obtiene ma\u0301s directamente y lo segundo resulta rebuscado.<\/p>\n<p>Con base en lo expuesto en la secciones anteriores y en e\u0301sta, puede decirse que una agenda probable de investigacio\u0301n del campo de los estudios del discurso incluiri\u0301a las siguientes tareas: elaborar la definicio\u0301n de un discurso como un signo; revisar las formas de explicacio\u0301n de los feno\u0301menos discursivos; articular en un cuerpo coherente las aportaciones heteroge\u0301neas sobre los efectos mutuos entre el discurso y sus marcos de referencia y entre el discurso y sus entornos; por u\u0301ltimo, proponer principios generales que den cuenta de cua\u0301ndo y co\u0301mo divergen los significados discursivos de los textuales en funcio\u0301n de tales efectos.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAFI\u0301A<\/p>\n<p>AUSTIN, John L. 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